sábado, 6 de septiembre de 2008

Che, vamos al cine, dale



Déjeme decirle algo, aunque le pueda parecer ridículo: "Un revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor". Suena ridículo sí, hoy más que nunca, hasta cursi. Pero ayer, después de ver el estreno de Che, el argentino (de Steven Soderbergh) uno entiende que no hay ninguna forma posible de hacer lo que hizo el Che sin la humildad, el sentimentalismo y un idealismo profundísimos, enormes.

Este hombre se quita en varias oportunidades el triunfalismo y la fanfarronería (ambas, típicamente argentinas hoy) y rechaza adulaciones y felicitaciones personales con una humildad increíble para un hombre que llegó donde llegó, que hizo lo que hizo. Traslada inmediatamente esos incipientes triunfos a todos sus compañeros de lucha.

En la carta de despedida que le envió a Fidel Castro en 1965, Guevara renuncia a sus cargos y a su condición de cubano y dice: "nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos". Porque lo sentimental no se puede romper, no hay papeles, no se puede certificar un sentimiento. No es formal, es de fondo el tipo.

Está claro que no triunfó el espíritu del Che. Sólo estos gestos son hoy imposibles de comprender. No existe ningún lider mundial que pueda distribuir con humildad el producto de su trabajo personal en el esfuerzo conjunto del pueblo, al que ha dignificado. Tampoco existen ya muchos pueblos dispuestos a luchar o a dignificarse, es cierto.
Existen en cambio, cientos de líderes que sí pueden congratularse con el poder económico al que han servido con creces y al que solapadamente han beneficiado con el producto de sus acciones y sus decisiones. Al fin y al cabo y aunque estemos todos (yo el primero) en este mismo barco, si hablamos en serio, podemos decir que la democracia actual es fundamentalmente una simple subsidiaria del poder económico, no nos mintamos más.
Los líderes actuales no tienen en verdad ninguna sustancia que "venderle" al pueblo y así se ven necesitados de echar mano a un delicado marketing político que les permita interactuar con el pueblo, dando vuelta el mensaje, haciéndonos creer que sus decisiones son en realidad en beneficio nuestro.

Ernesto Guevara no era un medias tintas ni un blandito sentimentaloide. Llama pendejos y cagones en la cara a los que abandonan, y asesina sin miramientos a los traidores como diciendo ustedes de qué creen que va esto.., che. Y como deja claro ante las insistencias, la cosa tampoco va de ser o no ser comunista, marxista; la cosa va de cómo luchar por la dignidad que es algo mucho más grande y más noble que todos los istas e ismos que se conocen hoy en día.
Por qué aplauden, si sólo se intentó hacer lo que corresponde, lo que es un deber. Por qué aplauden, si entre la película de ayer y el mundo de hoy hay una distancia tan abismal que da pena. Es como un `hasta la victoria´, pero con la guerra perdida.

5 comentarios:

Merlina dijo...

Todas las revoluciones son por amor. Pero por sobre todas las cosas, el amor es una revolución.

Qué bueno compatriota, anduviste viendo un poquito de por acá, che!

Merlina

Nico Carletti dijo...

Merlina, ciertamente, el amor es una revolución, que bueno eso. Cómo puede ser que haya salido un tipo así de nuestras tierras, es increíble. Dónde quedó todo eso, dónde compatriota... Un fuerte abrazo.

Edmond dijo...

Siento discrepar camarada. Creo que las revoluciones no son ni por amor, ni por odio, ni por nada que no se pueda tocar ni ver.
Las revoluciones se hacen por razones materiales, para poder comer, para que tus hijos tengan libros, para disponer de tiempo para descansar y disfrutar, para que la mayoría de la gente pueda vivir mejor, para tener una vacuna... Cuando no es así, las revoluciones (las sociales digo) se llaman contrarevoluciones (lo contario). Estas últimas sí, se suelen justificar en el amor a algo, son más sentimentales.
La revolucion significa cambiar las condiciones de vida de la gente, mejorarlas. Se puede estar lleno de amor y sentirse uno muy querido y no tener que comer o donde dormir o donde trabajar.
No he visto la película, pero diga lo que diga el tal Soderbergh, lo que creo, desde mi desconocimiento, que nos enseño el Ché, es que la voluntad y el esfuerzo pueden cambiar las cosas, pero que es muy difícil conseguirlo si además no se tiene el apoyo mayoritario de las masas. Y esto vale para estos tiempos y para los que vendrán.
Perdón por la chapa.
¡Hasta la victoria siempre!

Nico Carletti dijo...

Camarada, suscribo su visión, absolutamente. Una revolución se gesta en las ansias de cambio, por lo material si, el hambre y la injusticia. Lo que agrego es que sin una gran dosis de idealismo (sentimentalismo? lo que sea), cierta "locura" ciega por una idea, estos tipos se hubieran rendido en Sierra Maestra.

Anónimo dijo...

si todo lo que hiso fue x amor me parece fastastico xque la fuerza que lo movio fue las ganas de cambiar y hacer un mundo mejor