martes, 8 de diciembre de 2009

Mi Cinema Paradiso



La semana pasada me dirigí al Punto Limpio de mi barrio a deshacerme de un viejo televisor. Al arrojarlo, me hice cargo de ese vacío que comprendió desde que mis manos lo soltaron definitivamente, hasta que el aparato se estrelló en pedazos un poco más abajo en el contenedor. En total, medio segundo aproximadamente. Algo así como un big crunch casero en el que se comprimían todas las imágenes que alguna vez se vieron en esa pantalla en el punto de mi retina.

También la semana pasada, hablando con mi padre por teléfono a Buenos Aires, me enteré de que se había incendiado el cine Bristol, o lo que es lo mismo, el cine de mi barrio, de todo un barrio, con el agravante de que está prácticamente frente a mi casa.
"¿Cómo es que se puede incendiar el teatro? ¡¿Cómo?!", repetía Cristina Bentivogli, dueña del cine-teatro, hija de Ido Bentivogli quien lo fundara en 1947. Algunas fotos del incendio mostraban el esqueleto quemado de las butacas y desde aquí, sin acomodador ni chocolates, me recordé sentado entre esos hierros.
Quizá el incendio del Bristol ocurría en el mismo instante en el que yo soltaba aquí el televisor, y así otras imágenes, aunque mucho más lentamente, se comprimían en polvo para siempre.
¿Cómo se puede incendiar la imagen de una imagen, el recuerdo de un recuerdo?

(Foto:Diario La Nación)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Noche de perros



Entré y ví a ese hombre supuestamente inteligente en su tarea habitual: acechando corazones despoblados; trabajando, al fin y al cabo, un eslabón más de su prosecución de mujeres tristes, siempre a base de polvos robados, intrascendentes. Me senté, pedí un blanco Rueda y lamenté saber un poco quién era. Temi enormemente transformarme en eso.
Afuera hacía frío y la gente seguía llegando. Pasadas las doce de la noche entró una perra, blanca y marrón. No pidió ninguna copa. Sólo buscaba calor con sus ojos, porque se sentía sola, abandonada y perdida. Igual que ella, pensé.
La gente estaba un poco bebida pero la solidaridad con un alma en pena (aunque sea de perro) se mantenía intacta. Entre copas, cigarrillos y mimos de desconocidos, se sintió más segura que afuera. Igual que ella, pensé.
Media hora después, se reencontró milagrosamente con su dueño.

(Foto: Nico) Bar El Irlandés, viernes 0:30 am. Quizá te interesen otras historias en este lugar.

domingo, 29 de noviembre de 2009

El dorsal 5897


¿Qué estaba haciendo usted este domingo a la mañana? Considerando que además de domingo eran las 9 de la mañana, hacían unos 7 grados y llovía, cualquiera que responda otra cosa que no sea dormir está mal de la cabeza. Eso era lo que pensé (el único resquicio de razón que me quedaba encima) cuando promediaba los 10 kilómetros de la carrera Ponle Freno que tuvo lugar hoy en el Retiro; y pensando eso, o cualquier otra cosa, había unas 8 mil personas más.
A los pocos metros de partir, perdí de vista a Yolanda, que cabreada conmigo y con razón, dobló con buen ritmo por Menéndez Pelayo. Pero al rato me encontré con la nro. 1486. Me gustó su perfil, además de su ritmo, y con mi dorsal 5897 en el pecho, vista al frente, consolidé mi paso bien pegado detrás de ella. Así completé casi toda la primera vuelta hasta que la 1486 se quedó rezagada en medio de la subida de Alfonso XII y tuve que abandonarla, aunque no encontré otra como ella en todo el trayecto.
En el kilómetro 6,5 la lluvia se transformó en tormenta, el viento comenzó a soplar muy fuerte, los arboles del Retiro despedían hojas para todos lados, bajó la temperatura a unos 5º y comenzó a granizar. Lo cual me graduó de mi estado anterior a descerebrado mental si decidía continuar la carrera.
Y así lo hice -siguiendo las premisas de Tian- empapado, con las zapatillas pesando el doble que en la partida, llenas de agua y con la temible segunda subida de Alfonso XII a la espera. Ofuscado, vi pasar por mi izquierda a la 1486, que había descansado lo suficiente y cogido un ritmo que no le pude seguir. Continué. Algunas viejas, protegidas de la lluvia bajo la parada de los autobuses, nos gritaban "¡ánimo!"; otras, "¡venga, que os veo muy parados!". Y entre los miles que soportábamos nuestra propia demencia dominical alguno se desahogó con un "¡mañana no curra nadie!" que provocó risas que dificultaron los últimos metros hacia la llegada.
El dorsal 5897 cruzó la meta en el 4968 lugar, en unos dignos 1h, 10m, 26 segundos; con un espantoso ritmo de 6:58 y a escasos 39 minutos 3 segundos del ganador. Esto, según la página de Ponle Freno. Pero yo, como ven, podría contarles otra cosa.

Foto: carrera Ponle Freno, esta (terrible) mañana en el Retiro de Madrid. Ponle Freno en Facebook. El dinero recaudado en esta maratón popular será destinado a mejorar la seguridad vial a través de la Fundación Antena 3.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Conversaciones con el Gaita (II)



-Bueno, tranquilizate un poco. Come, hazme el favor.
-Si, tranqui. Te digo una cosa... -A esto la falta oliva che ¿no le pedís a la mina esta?- mi próximo libro se va a llamar "Los colores de Yolanda" pero lo voy a publicar en braile.
-Veo que sigues en tu nivel ¿eh?. La ironía ácida, la tendencia parabólica. ¿No puedes hablar llano, se puede saber qué quieres decir?
-No, no se puede; me gusta así, me siento cómodo. Voy a contar los colores de esta mujer de una forma tan extraordinaria, que no va a importar verlos. Se podrán sentir. Eso sería un absurdo total. Pero si llego a descubrir que ese absurdo tiene sentido tal vez comprenda que Yolanda también lo tiene.
-¿Semejante meta infraestructura para encontrar el sentido de una mujer?
-No. No te preocupes, no va ahí el sentido de mi vida, a lo sumo es un experimento. Todos lo somos. Yo trabajo a la gente.
-¡Venga! tu te trabajas a las tías.
-Eso no es verdad. Sólo a algunas.
-Entonces...
-¿Entonces qué?
- ... Qué tendría de malo o de raro. Supongamos que Yolanda sea al revés como tú dices, un experimento, o un trabajo, igual que tú, que yo... ¿Por qué no lo dejas ahí, no es sufuciente?
-No estaría mal, quedaríamos todos igualados. Pero no me cierra; y además ¿para qué resolverlo?
-Ya. Y oye, cuando te refieres a `trabajo´ ¿te refieres a un free-lance?
- Si, un free-lance, si. ¿Es todo lo que tenés para decir, Gaita? ¿No se te ocurre algo más gracioso?
-Oye, porteño de mierda, a mi no me hables así ¿vale?
-¡Ja, ja, ja!
-... ¡joder!


(Foto: Nico) Quizá te interese el Capitulo I de "Conversaciones con el Gaita" O quizá no te interese ningín capítulo.

jueves, 12 de noviembre de 2009

El Ryuichi invisible



Ryuichi había adelantado que variaría el repertorio según él fuera sintiendo de qué forma iba llegando al público; y también, que saldría a escena con dos pianos. Efectivamente en el escenario había dos enormes pianos de cola y por un momento gran parte del público dudó si Ryuichi tendría cuatro manos para tocarlos, cosa nada improbable para quienes conocieran las virtudes de este extraordinario pianista japonés.
No, no tenía cuatro manos, pero ocurrió algo bastante parecido. Porque a pesar del aviso, era fascinante ver cómo las teclitas del otro piano se movían solas, interpretadas por otro Ryuichi, uno que programó digitalmente algunas de las canciones que interpretó, logrando que de un lado Ryuichi Sakamoto tocara una parte de la partitura y frente a él, un segundo Ryuchi Sakamoto (!) interpretara otra partitura distinta simultáneamente.
La gente sintió de verdad que Ryuichi tenía cuatro manos, y lo aplaudió cada vez con más calidez, con más manos. Y Ryuichi se las devolvió todas, saliendo a escena hasta cuatro veces.
¿O fueron ocho?
(Foto: Nico) El pianista japonés Ryuichi Sakamoto ayer en el teatro Circo Price de Madrid

domingo, 1 de noviembre de 2009

Rainbow



Rainbow andaba con cara triste. Yolanda y Juan se estaban separando y le hacían más caricias que nunca, tratando de hacerle entender que un día de estos se iría a vivir a lo de Juan.
Fue por eso que Yolanda me gritó aquel domingo cuando me vio por Serrano. Además de lo de Juan, Rainbow se le estaba poniendo en contra y eso la ponía irascible.
Rainbow soportaría mudarse a lo de Juan, ese piso de mala muerte, sin balcón ni cama grande; pero jamás le perdonaría haber perdido a Juan así, agotando las existencias de todo. Les quedaba algo de café pero se les acababan las palabras. Cortaban un poco de pan, ponían la mesa... Rainbow no aguantó más esa sucesión de tardes silenciosas y se desplomó en un par de semanas. De hecho fue él quien, a su manera, les avisó de que todo había terminado.
Dejó de comer la picada mixta con tomillo de las siete y cuarto que Juan le preparaba con paciencia, las orejas empezaron a pesarle, perdía el pelo y ya no marcaba el barrio como antes.
Y Yolanda lo entendió.

(Foto: Nico)

martes, 27 de octubre de 2009

El lunes que no fue


A partir de las once de la noche dejó de ser lunes. De hecho el Moe se transformó en el lugar donde fue menos lunes de todo el mundo. La Bob Sands Big Band salió a escena sin previo aviso y desató un vendaval incontenible. Diecisiete científicos embravecidos se plantaron sobre un diminuto escenario de seis por cuatro y arrasaron con cualquier atisbo de inserción en la semana laboral, borraron la modorra de ahí hasta el mes que viene.
Nada era normal. Trece instrumentos de viento, más piano, guitarra, bajo y batería se venían encima y bastaba con verles las caras para saber que todos y cada uno de ellos tenían que estar (o haber estado en algún momento de sus vidas) completamente locos para hacer sonar lo que estaban haciendo sonar de esa manera.
Con poca luz y con dificultad contuve varias veces la respiración y logré tomar alguna que otra mala fotografía. Pero era un momento en que los oídos hacían ver más que los ojos. Nadie debería dejar de quitarse un lunes de encima de esa manera.

(Foto: Nico) La Bob Sands Big Band anoche en el Moe de Madrid. Todos los lunes a partir de las 22.30

domingo, 25 de octubre de 2009

Por los pelos



Era una mañana redituable. Desayunar un domingo en el Mallorca de Serrano y Columela no estaba previsto bajo ningún punto de vista. Pero las cosas suceden.
Me encontré cómodo al principio aunque, al rato, confieso que me sentí un poco desubicado por cierto pantalón rojo, pañuelos al cuello o algunas repugnantes gafas negras. Tanto, que me dieron muchas ganas de acercarme a ese señor y, amagando como para pedirle prestado el periódico, decirle: "Oiga, disculpe, ¿usted ve bien?". Pero es lo que tiene recurrir a estos barrios madrileños para poder comer un fantástico sandwich de pebete con salmón y aguacate. Además, la vida no está como para dedicarse a cambiársela a nadie.

Asi que lo dejé pasar y metí mi hocico donde corresponde, en el café con leche.
Cuando estaba terminando de leer El Corriere, a eso de las 12 en punto, ingresó al local Boris Izaguirre con el que tenía toda la pinta de ser su novio. Ahí la cosa ya me pareció demasiado, no quise interrumpirlos y me retiré.
Al salir por Serrano hacia Alcalá, paró un coche a mi lado. Era Yolanda, que bajando la ventanilla me increpó, diciéndome que era un maleducado por no haberle contestado el correo. Mientras, Julia me acariciaba la barba y me decía que estaba irresistible así, con cinco milímetros más de pelo en la cara, y que algunos ya tenían canitas y tal. Me desconcentré tanto que por un instante no supe que contestarle a ninguna de las dos.

Pero me recompuse. Pensé en Boris y sus ardores dominicales con su novio, en mi reciente acierto del salmón con aguacate y me deshice de otros mariquitas de la zona. Le grité a Yolanda que lo del correo no había sido un olvido, pero tampoco un error y que si me daba la gana me daría una vuelta esa noche. Luego me quité las manos encima de Julia, diciéndole que yo pensé que le gustaba de antes y que por cinco milímetros de pelos no puede uno enamorarse de nadie.
Yolanda ya había subido la ventanilla y huía doblando a velocidad por Columela. Julia, me besaba la mejilla mientras se ponía a llorar.

(Foto: Nico) La citada pastelería Mallorca de Serrano y Columela en Madrid, este domingo a las 11.45 de la mañana.

martes, 13 de octubre de 2009

Fuera de guión



Era un lunes ejemplar de otoño en Madrid. Festivo, 27 grados, cuatro de la tarde. Yo estaba tomando un café al sol en la Plaza Santa Ana cuando apareció Fito Paez con Ana de Armas y se sentaron en la terraza de al lado. Pensé que con Fito ya sólo me falta que venga a casa a tocar el piano el día de mi cumpleaños y casi nada más. La próxima vez ya le voy a decir "Fito, soy yo".
Terminé mi café. Al rato, mientras él abrazaba y besaba a mi hijos y me estrechaba luego la mano a mí, me pareció una injusticia que yo sepa tanto de él y él ni siquiera sepa quién soy. Nimiedades, como cuántas veces escucho un tema suyo en el coche por semana, que el nombre de este blog se inspira en una canción suya, o bien que este sábado estuve ensayando una versión extraordinaria de Tres agujas, grabada por Luis Alberto Spinetta, y que sonó muy bien.
Cuando me iba, me pasó por al lado Eusebio Poncela, que ni se enteró de que por ahí andaban Paez, Ana y más aca yo, y se metió en un bar. Asi que intencionalmente, corté la escena, dejé de hacer aparecer personajes y abandoné la plaza y la tarde.
(Foto: Nico) Reflejos, contrastes y dobleces cerca de Plaza Santa Ana.

jueves, 8 de octubre de 2009

El anarquista


Hace un tiempo me ronda por la cabeza una conjetura fantasmal: que la democracia ha dejado de serlo para transformarse en una mera subsidiaria del poder económico. Yo suponía que esta idea era vieja y por tanto inocua, pero una noche, hace un par de años, cuano la esbocé entre copas sobre una mesa de viejos amigos, todavía dio pelea y me llamaron hasta anarquista, cariñosamente, mientras me servían otra copa.
Yo no me refería a eludir ni puentear a la democracia (mucho menos en preferencia a otro sistema) sino a tener mucho cuidado de llamar a esto democracia. Porque alguien puede pensar que esto es verdaderamente el gobierno del pueblo y así, confundirse tanto, verse engañado de tal forma que prefiera en serio otra cosa, lo que sería realmente peligroso. Por eso propuse inventar alguna nueva palabra para nominar a esto que nos gobierna desde hace, digamos, medio siglo.

El ciudadano medio, por ejemplo, (solo del medio hacia arriba, claro) goza desde hace un tiempo de unos determinados derechos sociales dignamente ganados por nuestras generaciones anteriores. Ahora, justo ahora cuando la cosa se pone complicada -que son los momentos para los que se creó aquella protección- se habla de eliminar algunos de aquellos derechos, porque -según dicen- son esos derechos (nunca la avaricia de los poderosos) lo que no nos permitiría salir de la crisis.
Asi que me pregunto para qué sirven las leyes si cuando la cosa se pone difícil (o sea justo cuando hay que usarlas) se opta por hacer una excepción y no cumplirlas. O, dicho de otro modo, no me digan que esto es el gobierno del pueblo.

Probablemente, leer a Zygmunt Bauman (Tiempos líquidos/Tusquets) -que compré por casualidad una tarde de este verano en Buenos Aires- sea un poco deprimente; pero es que Bauman, dice unas verdades grandes como un tronco y quizá sea eso lo que me atrae; ese bálsamo que uno siente al toparse con una madera de verdad mientras nada en un mundo sucio, lleno de mentiras y de eufemismos. Aunque algunos viejos amigos me tenían más cerca a mi, me juego una apuesta contra el mundo a ver quién es más anarquita, si él o yo.

Foto: El anarquista, visto en el Aeropuerto de Roma, Fiumicino, el 15 de julio de 2007

domingo, 4 de octubre de 2009

Duerme, duerme negrita...



Culta, grande, hija de indios y de una provincia pobre, La Negra Mercedes Sosa era tucumana hasta la médula y tenía una voz prodigiosa. Con el bombo, el poncho y pronunciando la erre con "ye", acento tan particular del centro norte argentino. Y todo eso la hizo más argentina que casi todos y más latinoamericana que muchos. Luchadora de alma, de sangre pura.
En realidad me doy cuenta de que me duele. Es posible que la muerte de Mercedes sea la mayor pérdida musical de mi vida hasta la fecha. Porque yo tenía unos 12 años cuando mis padres me llevaron al Teatro San Martín de Buenos Aires a verla cantar, acompañada por unos músicos extraordinarios, guiados por el gran maestro Ariel Ramírez en el piano.
Y eso me marcó, porque no pude alejarme nunca más de La Negra. Y así, en mi infancia, pasé las horas con la oreja pegada al tocadiscos para seguirla escuchando, mientras al fondo se hacía el asado de los domingos. Mercedes fué algo así como mi antesala para más tarde conocer a Charly García, y después entender a Fito Páez.
Duerme, duerme negrita...

Vídeo: Mercedes Sosa cantando Duerme Negrito de Atahualpa Yupanqui.

sábado, 3 de octubre de 2009

Conversaciones con El Gaita (l)

Juan llega tarde. El Gaita ya va por la tercera...
-¿Qué hacés nene?
A la camarera,`Un Rueda Verdejo, por favor´.
-Sigues conservando ese toque de chaval mariquita, eh. ¿Por qué no te pides una cerveza?
-Dejate de joder Gaita, pasate al buen gusto, haceme caso.

Hace meses que no se ven. El Gaita y Juan mantienen sus diferencias, la guardia alta en una lucha que se les vence con los años. Pasa el tiempo, cada encuentro es como un ajedrez revuelto. Ambos saben que es mejor darlo por perdido y dedicarse a otra cosa. Pero se resisten.

-¿Te has cortado el pelo?
-No. Nadie se auto-corta el pelo.
-Vaaaleee.
-No, vale no. Tengo hambre y está mal formulada la pregunta. Es más importante el verbo ir, que cortar.
Interrumpe otra vez.`¿No puede ser en un vaso bajo de esos... Si, gracias´.
-Cortar... Ir, Gaita, ir. Sobre todo para mi, que aún puedo caminar, pero ya no tengo mucho para cortar ahí. ¡Jiri-poyas!... ¿Y de qué te reís?
-Llevas años aquí y no has aprendido ni los tacos, bah...
-¿Querés uno de allá? Andatealarrrrrep....
-Vale, vale. Oye, tengo una sospecha. Por casualidad ¿no te has ido a cortar el pelo, pedazo de cabrón?
-Si, poco y mal.
-Gracias por responder. Bueno, dejemos el pelo...
-Si, yo lo vengo dejando hace rato. Pidamos algo ya, por favor.
- A ver... ¿carne o pasta?
-¿Qué es esto, un avión? Te traigo aquí para...
-¡Pero si estos sitios que te gustan a tí son una mierda Juan!. Lo que te quería decir, escucha, es que no puedes seguir analiz...
-Sí, ya sé. Lo que te dije por teléfono no venía al caso, pero yo no puedo más con Yolanda.
-Eso ya lo sé... Qué ¿que pasó ahora?
-Es una mina que tiene las curvas al revés.
-¡Ja! ¿Y eso?
-Si, imaginate: la nariz ganchuda, el culo chato, tetas cóncavas...
-Para, no empieces a hablar raro. Habla en español tradicional, en serio ¿puede ser?
-No es una parábola de nada. Te digo que esa mina es al revés.
-Esta bien. Pero en todo caso ¿ahora te das cuenta?.
-... La mitad del tiempo no lo supe, la otra mitad no quise asumirlo, la otra mitad ya no supe qué hacer.
-No existe nada con tres mitades, ¡qué dices!
-En el caso de Yolanda, sí. ¿No te digo que no es normal?
-Has dicho que es al revés, que es distinto. Y además eso dependerá de dónde estés parado tú.
-No provoca cosas normales. Logra que interprete en tres mitades. Fijate vos...
-Tú interpretas demasiado. Estás jodido, eh...
-Si, no para de caerse. Hacia arriba se cae. Mirá... mirá...

jueves, 17 de septiembre de 2009

El sarcoma de Pozuelo



Mientras Belén Esteban se comía las uñas frente a las cámaras de Telecinco, mi hijo me contaba que en la presentación del año, el profesor de literatura les adelantó que leerán El libro de arena, de Jorge Luis Borges, entre otras delicadezas literarias. Al tiempo, en un colegio de Vallecas, un padre le daba unas buenas hostias a la directora porque le regañaron al nene en el comedor.
Unas horas después de que Aguirre declarara autoridad pública a los profesores, el periódico ABC decía que ninguno de los padres de los menores que cometieron desmanes en Pozuelo aceptaba el castigo impuesto por el juez y recurrirán las medidas.
Hoy me declaré enfermo y fuí a ver a mi médica de cabecera. Se atrevió a decirme que padecía una alergia y me recetó una pastilla de antihistamínico cada 24 horas. Le dije que era una insolente y que de ninguna manera le iba yo a permitir que me dijera lo que tengo que hacer, dejar de hacer, ni cada cuanto.
Se inquietó un poco y se sentó en la camilla. Entre lágrimas me confesó que ya no daba más y que los caramelos Sugus ya no eran los de antes. Le dije que no se preocupara, que lo mío era un estertor, una reacción sórdida originada en Pozuelo y Belénes Estéban y de los otros. Entonces tomó agua y se recostó. Yo la seguí, me acosté a su lado lentamente. Mientras nos calmábamos yo la declaré autoridad pública y ella me obsequió un Ibuprofeno.

( Foto: Mahnicus )

martes, 8 de septiembre de 2009

Mal aliento


Cada uno tiene su particular forma de sufrir. Yo, me regocijo en la queja inútil y en la acumulación de conclusiones ácidas.

Inmediatamente después de conocerse el traspase del futbolista Cristiano Ronaldo al Real Madrid (en junio pasado) por la suma de 93 millones de euros, eximios periodistas se devanaban los sesos debatiendo sobre si semejante cantidad de dinero por un jugador de fútbol era algo antiético; sobre todo en los tiempos de crisis que corren.
En otros lugares del globo, unos meses atrás, comenzó a correr la pólvora cuando se supo que los presidentes Néstor y Cristina Kirchner compraron a un sospechoso muy bajo precio, grandísimas extensiones de terrenos fiscales en la patagonia argentina, que luego vendieron por sumas millonarias. Pero comprar no es robo.
Un periodista cualquiera en el paro, accede a investigar, dedicar tiempo, experiencia, escribir y entregar en tiempo y forma un tema gordo que se publicará en un medio a nivel nacional. Todo,  por poco más del valor de una muy buena cena para dos personas.
Y podríamos seguir...

En cualquiera de estos casos uno podrá decir sottovoce "No hay derecho..." Pero el problema es, justamente, que lo hay. En las tertulias, todos hablaban de ética, moral o humillación, pero la pregunta que nadie se animaba a debatir es el por qué era legal. En el fondo, no tiene sentido pedirle a las leyes lo que nosotros no hemos sido capaces de pedirle a la democracia. La justicia no tiene vida propia fuera del cerebro humano; por lo tanto, mientras no la incorporemos nosotros, la ética no tendrá nada que hacer ahí.

Yo puedo sentarme a propósito justo al lado de un hombre hambriento y haraposo a comerme boca abierta arriba un delicioso pote de dulce de leche, terminármelo ahí mismo e irme. Más allá de ganar automáticamente el Guiness al ser humano más despreciable del universo, nadie podrá hacerme nada. Es más, yo no he hecho nada ilegal, mientras que cualquiera que decida darme de palos será quien habrá faltado a la ley.
Vaya paradoja. Algo hay que perder, el tiempo o la razón.

(Ilustración: Carletti Jr. II. Todos sus derechos están reservados)

martes, 1 de septiembre de 2009

El perro opuesto



Mientras metía paladas a diestra y siniestra surcando el río Duratón, me di cuenta de que, al contrario que en el remo tradicional, en una piragua se rema empujando el agua hacia atrás, lo que permite avanzar mirando hacia adelante y no queda otra que ir dejándolo todo. 
Así, pensé que en oposición al perro, el rencor es el peor amigo del hombre, y quien antes pueda liberarse de ese compañero terrible, tanto antes podrá tener la suerte de avanzar, mirar hacia adelante y disfrutar de una paz interior y exterior pocas veces experimentada.
Unos buitres enormes sobrevolaban sobre nosotros y nos acompañaron durante todo el recorrido. De todas formas lo recomiendo, no hay nada como ir hacia adelante.

(Foto: Nico) Descanso de piraguas en el río Duratón. La mía, con botella de agua. Recomendado www.hocesduraton.com/

jueves, 30 de julio de 2009

Confesiones de invierno



A las siete menos cuarto de la mañana el inconfundible sonido de un ciclomotor de 50 cm cúbitos exigido al máximo me avisa que el tipo del kiosco sigue dejando La Nación por debajo de la puerta del garage de casa. Está muy oscuro. El motorcito regula y al rato el tipo continúa su recorrido cargado de periódicos, adelante, atrás y con un gorro en la cabeza.
Hace un par de horas que no puedo dormir y estoy tentado de acabar con esta película real de mi pasado, bajar y adelantarme a mi padre en coger el diario. Pero me pareció una crueldad hacerle eso a sus ochenta y siete años (mi padre... por la tarde, me entregó unas carpetas con los guiones originales de cuatro piezas de teatro que terminó de escribir hace un par de años no más y que le prometí leer antes de regresar a Madrid). Entonces, preferí intentar dormir otra vez, aunque todavía a las ocho vi como se apagaban las luminarias de la calle y un gato blanco y gris desistía de zamparse un zorzal y se bajaba del roble.

Básicamente el periódico decía que el 49% de los argentinos no puede proyectar a futuro y por otro lado, que el 28% de los chicos bonaerenses de hasta 2 años está malnutrido. Después, todo el resto anda muy bien. De hecho, por la noche cené en Elsinor donde además de velitas, un ambiente romántico, acogedor y jardín iluminado, tenían un Estrella Malbec de la bodega Weinert, cosecha especial 1977, por 2400 pesos (unos 480 euros) que por supuesto no pedí.
Por la tarde me dediqué a tirar líneas hacia el oriente, hacia el Uruguay, y aunque tenía casi decidido cruzar el Río de la Plata en barco (cosa que nunca hice) me puse a consultar tarifas aéreas. Así que apostando una vez más por la tierra que me vió nacer y por la aerolínea que me dejó varado siete horas en un vuelo a norteamérica (hace 11 años), tanto como dos días en Madrid (hace 4), cogí el teléfono y llamé a Aerolíneas Argentinas. Como no contestaba nadie salvo una musiquita y un verso encantador, me puse a llamar a otras compañías. Todas me respondieron casi al instante y me informaron con corrección y absoluta amabilidad. Aposté una vez más, insistí con Aerolíneas y empecé a prestar más atención al o que versaba el hombre de la grabación, por encima de la pomposa banda musical: "...Nuestro destino es que volvamos a sentirnos orgullosos de nuestra aerolínea de bandera. Una bandera que es la más grande del mundo. Aerolíneas, ahora más que nunca... Argentinas" (esto último, haciendo referencia a la reconquista de la compañía por parte del gobierno argentino a la española Marsans). El pequeño detalle es que no se puede volar. Cinco minutos con el tubo en la mano y no logré que me atendiera nadie.

Nuestro destino... qué barbaridad. ¿Cómo se atreven a seguir hablando del destino? El orgullo no tiene alas y sufre de estupidez y anacronismo agudo. No me gusta todo esto que vengo escribiendo. Buenos Aires no me inspira, salvo algunos encuadres fotográficos que me interesan. A mi regreso espero mejorar, volver a la poesía o tal vez al silencio.

(Foto: Nico) Puerto Madero. Buenos Aires.
El título Confesiones de invierno, está dignamente robado del album del mismo nombre que el conjunto Sui Generis (Charly García y Nito Mestre ) editó en 1973.

jueves, 23 de julio de 2009

Mis aires de buen turista



En estos días, no sólo opongo resistencia al frío de Buenos Aires (ayer, entre 0º y 7º durante todo el día, sumado a un viento terrible) sino también a la tentación de organizarme, agendar y planificar los múltiples encuentros con amigos y familiares. Me dedico a resistir en general y prefiero que me lleve el viento y los sorpresivos correos y llamados telefónicos.
Justamente en uno de esos huecos, a destiempo, fuimos ayer a escuchar tango a San Telmo, uno de los viejos barrios porteños, por excelencia y tradición (foto) y conocí al buen turista argentino: el americano o europeo, extranjero en el sur, que baja del hotel céntrico a conocer el tango, las calles y el Río de la Plata.
Hoy quedé con El Cabezón, que como yo, eligió resistir en retirada aunque él fue a parar al Caribe. Entramos a un café en las Lomas de San Isidro. Hablamos de su Caribe, de mis tapas ibéricas y de nuestro país. Ahí hubo que pedir otro café porque la cosa se alarga y se complica. Unos minutos después de retirarse, volvió a entrar y me regaló un libro Manifiesto Cívico Argentino, del rabino Sergio Bergman. Ahí, este hombre muy bien formado, de 47 años, apela al argentino medio, que tiene su vida más o menos resuelta y también a la clase dirigente a que participe, se transforme y rescate al verdadero ciudadano activo que duerme detrás del mero habitante.
No lo he leído, pero ya me estoy preguntando: Si, está bien, pero... cómo. Porque como una foto perfecta de la Argentina, donde hay marcado un paso de peatones, los coches no frenan y en su lugar, después que murieron unos cuantos atropellados, siguen sin frenar y entonces se opta por agregarle a la señal un policía para que intente detener el tránsito de alguna manera.
Es triste que la gente no respete ni sus propias señales. Se pisotea todo. Por eso me pregunto cómo, porque está lleno de gente que ya no lo resistió más y muchas que siguen en pié porque resisten. Es un camino de frente a un viento en contra permanente. Un tango, hermoso, maravilloso, que nunca fue fácil de bailar.
(Foto: Nico) Buenos Aires. Tanguería en San Telmo

viernes, 17 de julio de 2009

Mi Buenos Aires turista



La Cultura de las Ciudades, de Lewis Mumford, segunda edición, impresa el 7 de noviembre de 1957; La Cuestión Social, de Johannes Messner, noviembre de 1960; tres tomos encuadernados de Historia de la Filosofía, de Émile Bréhier, marzo de 1962. Al azar, tres reliquias de la extensa biblioteca que acuñaron durante años mi padre y mi madre. A dónde ha ido a parar todo esto para que yo escriba semejantes banalidades.

Acababa de terminar de jugar al fútbol en la calle Thames. Pensé que conocía mi barrio perfectamente y que entonces un miércoles cualquiera y lluvioso de julio no sería necesario una reserva previa en Rosa Negra, asi que nos mandamos directamente para Dardo Rocha. Pegó en el palo, estaba a tope y hubo que esperar mesa quince minutos. En ese interín, se detuvo ante nosotros para ponerse la chaqueta el Dr. Claudio Zinn, ex doctor televisivo de las tardes para las señoras y amas de casa, actual Ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires, actual perseguidor del temido virus H1N1. Instantes después, vestido de negro y de ojos claros, se apoyó en la barra y en su teléfono móvil uno de los Bakchellian, ex dueños de Gatic, concesionaria durante décadas de la firma deportiva Adidas para la Argentina, actual amigo de algún socio en problemas, actual ocupado en frecuentes viajes al Uruguay, etc, etc, según mis aguzados oídos llegaron a percibir.

Yo quedé sentado mirando hacia una enorme pared-bodega, llena de botellas polvorientas y bien iluminadas. En la carta, amplísima, aparecían no menos de cien vinos, que iban desde los 50 a los 900 pesos (redondeando, desde los 10 a los 180 euros).
Veinte minutos antes, a sólo mil metros de ahí, mezclado con un barrio bien, a medio camino entre mi casa y Rosa Negra, un chico de unos once años vistiendo una simple camiseta en plena noche fría y húmeda, hacía malabares con tres pelotitas de goma en un semáforo de Perú y Avenida Santa Fé. Nada que ver con los chavales de Abascal y Castellana. ¿Cuánto podría tener que ver un vino de 900 pesos (medio sueldo) con ese pibe argentino?
Durante el aperitivo, al morder un pan, me dio una punzada terrible en el maxilar del lado derecho. Recordé lo mal que jugué y el pelotazo que acababan de darme en el partido; pero como no había utilizado el maxilar hasta ese momento no me había percatado del daño. Pensé que aquello me arruinaría la cena, el pelotazo, las pelotitas de goma, la lluvia de siempre. Me veía pidiendo sopa mientras pasaban manjares consistentes por mis narices. Me iría a hacer malabares con el pibe, o cualquier cosa menos usar el maxilar.
“Tráigame el Malbec, este Malbec, por favor…”

Investigación sobre el Entendimiento Humano, de David Hume, impreso el 25 de agosto de 1945. ¿Hasta dónde se puede llegar? Algunas cosas se han ido perdiendo en los sucesivos cruces del Atlántico, otras tantas siguen aquí.

(Foto: Nico) 18.30 horas. Calle Alvear y el río, Martínez (San Isidro) La gente se reúne a tomar mate y tocar la guitarra al borde del Río de la Plata. Mientras, por el horizonte, aparece desde el Uruguay una luna grande como un queso.

viernes, 26 de junio de 2009

Ready to go


Cuando se viaja, normalmente uno considera la ida como el primer viaje, impar (el 1º) y el regreso es un viaje par (el 2º). Pero hace un tiempo que vivo al revés, como con un eslabón perdido en algún lado. Esta ida no será impar, ya que será mi cruce 16º, mientras que el regreso tampoco será par, evidentemente será el 17º. Entre medio tiene que haber pasado algo imprevisto, un viaje sin retorno, un cambio de sentido. O alguna ida que en medio del Atlántico se la declaró regreso.

Pero el tema no es tanto resolver de qué lado quedó el origen sino cuál es el sentido. De hecho no se puede resolver el sentido sin antes determinar el lugar. Y creo que es allí, durante esas horas curvas e interminables, sometido al gobierno del tiempo, el espacio y la velocidad, cuando me doy cuenta de lo que hice. De lo inconsciente que fui para jugar con las variables de esa regla de tres simple. Cambiar el lugar, obtener otro resultado.

Boarding pass del viaje 14º. Frankfurt (FRA) - Buenos Aires (EZE) directo sin escalas por Lufthansa. 13 horas 45 minutos de vuelo.
Salvo la fecha todo será igual este próximo 3 de julio. Hasta el asiento, 40K. Ventanilla, por supuesto.

domingo, 21 de junio de 2009

La crisis del mojito

Situación
Sábado a la noche. 1.45 de la madrugada. De copas con amigos por Malasaña. Espero pacientemente en la barra de un bar para hacer el pedido. Al cabo de unos 15 minutos...


-Hola poneme dos mojitos, una sin y una...
-No tenemos mojitos.  
Y la chica, mirando a los asistentes en general, acota: -¡Yuuuuu! ¡ya podemos decir que no tenemos más mooojiiiiiitoooos, yea, yea!...
-Bueno, poneme una sin y ahora te digo qué hacemos con lo otro.
Me voy a preguntar a los colegas y vuelvo

-Listo, los dos mojitos por dos caipirinhas y ya te digo el último que la chica que falta está en el baño...
-Vale.

 Vuelvo a los 10 segundos. Me la encuentro preparando las dos caipirinhas
-Ok, el último es otra caipirinha más.
-Mmm... no, me parece que van a ser dos. No me alcanza para más.
-Bueno... ejem... y ¿qué me podés ofrecer entonces?
-No, mira, no puedo perder tanto tiempo por tres copas.
- ... ¿Cómo? 
Me mira y no responde. Insisto.
- ¿Qué borde, no?
-¿Qué has dicho?
-He dicho que qué borde. No tenés mojitos, no te alcanza ni para tres caipirinhas y me contestás así?
-Mira, no hace falta que me entiendas. Dime qué quieres y ya está. Te puedo ofrecer un...
-Nada, nada. Poneme una Coca-Cola no más...
-Tengo...
-Que no cariño, no se te ocurra perder el tiempo conmigo. Poneme una Coca-Cola te digo.
-Bueno, ahora no te pongas borde tú ¿eh?, que para eso nos ponemos borde los dos y sino esto se arregla yendo al bar de al lado y se acabó...
-Te digo que me pongas una Coca-Cola, gracias.

En situaciones normales me hubiera ido, claro. Recomendándole antes que se meta un mojito, una caipirinha, más mi dedo meñique y el índice en el orto, todo junto, quiero decir al mismo tiempo. 
Pero estaba con amigos y no quise arruinarle la noche a nadie, asi que la sin, las dos caipirinhas y yo, que quería la tercer caipirinha, me tomé la Coca-Cola como un rey.
Al salir del bar miré hacia atrás (para recordar el nombre donde no debía volver) y ví un cartel grandecito recomendando, justamente, exclusivamente "Mojitos, Caipirinhas", cosa que no había notado antes de entrar. Al volver a casa me acordé de que España es el país que vive de los servicios, en un gran porcentaje de los gastronómicos (bares, copas, pinchos, vida nocturna, etc) Me acordé también de que estamos pasando una crisis enorme, donde se supone que uno debería estar agradecido de que consuman en su local y donde el propietario de un local de servicios debería esforzarse más que nunca por atender bien, porque puede que la cosa se le ponga jodida pronto... nunca se sabe.
Yo me acuerdo...  por ejemplo... Esta gente, que ofrece mojitos y no tiene, caipirinhas y no tiene, después cuando tiene algo te trata para el orto. Esta gente, digo, ¿de qué piensa vivir?

1. Nota del autor: disculpas por el tono soez.
2. Recordatorio: No volver al Café de Mahón, Plaza dos de mayo, barrio de Malasaña, Madrid.

miércoles, 17 de junio de 2009

A simple vista



Yo me acuerdo de tu cintura,
de tu piel blanca que pretendí inconsciente,
de tus labios y el café caliente.
¡Qué locura!

También recuerdo la premura,
el curso seco hacia el que orientamos las tardes,
la sospecha de que eramos unos cobardes.
La ruptura.

A mí me sacia tanto tu figura,
tu melena insistente, coloquial,
el uso abrupto del tiempo y de la sal.
O la dulzura.

(Foto: Nico)

jueves, 11 de junio de 2009

La mano de Dios



El problema de la enseñanza religiosa siempre fue que mientras transmite la doctrina, indefectiblemente se ve tentada de enseñar a no pensar, a no discutirla. Yo acaté algunos años aquel principio, pero ahora leo el periódico más que La Biblia y me decanté por la razón. Asi, me surgen preguntas: Si Dios perdona pero la justicia no ¿entonces quiere decir que la justicia es más justa que Dios?
Quizá el padre Grassi -al que recuerdo presente casi diariamente y durante horas en los más prestigiosos programas televisivos argentinos referentes a política y sociedad- nunca se hizo esa pregunta, ni ninguna otra. Después del seminario, en cuanto tuvo alguna duda directamente se sentó a un chico de quince años sobre su falda y dijo: Dios perdona, asi que la justicia no puede ir más allá. Pero no (y eso que la justicia argentina es un reverendo... desastre).

Pero lo que ni Dios ni la justicia podrán dilucidar nunca es cuánta de la represión sexual meticulosa y fervientemente (y solapadamente) transmitida por la Iglesia durante siglos se manifestó en ese instante, el momento en el que Grassi no aguanto más, desconfió de la enseñanza en el seminario y se soltó las manos para acariciar a un chico inocente. Paradójicamente, para descubrir que en los años de seminario tenían razón, que por hacer eso caería sobre él un severo castigo.
Conclusiones erróneas. Es lo que pasa cuando la enseñanza divina se canaliza a través del desconocimiento del hombre. Hombres de poca fé, quieren tocar lo que no conocen.

sábado, 30 de mayo de 2009

Entre el tango y el flamenco


Lo primero que sentí es necesidad de pedir perdón por haber dejado pasar tanto tiempo antes de ir a ver y oir un espectáculo de flamenco. Lo segundo, fué preguntarme qué habrá entre el tango y el flamenco, además de un océano. 
Estaba en eso, intentando mezclar Andalucía con el Río de la Plata, a ver qué salía cuando El Cigala se puso a cantar  El día que me quieras, como si hubiera adivinado mi duda, intuído mi sospecha. Tal vez queriendo responder que entre el tango y el flamenco no hay nada más que una guitarra, canto, pasión y sangre.

(Foto: Nico) Diego el Cigala y Tomatito. Viernes 29 de mayo en el Teatro Auditorio de San Lorenzo del Escorial. Suma Flamenca, del 7 de mayo al 20 de junio.

domingo, 17 de mayo de 2009

Pelos, mentiras y goma de mascar

Inventados el chicle y la estupidez, cabría preguntarse ¿para qué compiten los chicles, cuál es el objetivo? Dicho de otro modo: Yo voy normalmente al supermercado y compro huevos, sólo compro mayonesa cuando la publicidad me los rompió lo suficiente. 
Según parece, hemos decidido vivir de la mentira y lo innecesario. Un viaje en cohete que nos muestra en un nanosegundo las manzanas que crecen en un valle fértil; el politono regulable por presión, que se tira pedos a las tres y cuarto de la mañana; una infinidad, una sucesión de cosas de ese tipo. Está claro que sólo necesita ser vendido aquello que no es realmente necesario.
Hablando de huevos, recuerdo ahora dos casos que me rompieron bastante la cabeza. Este no es un tema nuevo, ya sé, simplemente quiero saber por qué decimos que la publicidad es engañosa cuando en realidad lo que sucede es que nos miente, y nada más.

Trident Senses parece ser el último lanzamiento de la conocida marca de chicles propiedad de Cadbury Adams, dirigido a masticar nuestra perspicacia. En el spot publicitario televisivo dice: "Nuevo Trident Senses..." y agrega, "votado producto del año por los consumidores". Me pregunto cómo hicieron para votarlo ya producto del año si acaba de salir al mercado; los habrán encerrado en una enorme burbuja de goma de mascar orbital (¿verde o rosa?) a masticar meses y meses... "¡Firme, diga que le gustan!" les habría dicho el gerente de producto. "¡Continúe!", y no dio lugar al angustiante pedido de pastillas contra del dolor del músculo masetero. Ni caso, había seguir, comparar elasticidad y goma hasta voltear a la competencia. 

Este otro caso no tiene nada que ver con el anterior y es peor, me toca ahí donde duele. Una página entera en un periódico gratuito decía hace un tiempo: "Tienes 7 días para detener la caída de tu cabello". Muchos días después, quizá la semana pasada, cogí en el metro un periódico gratuito que ocupaba el sitio en el que yo pretendía sentarme, uno de esos pocos sitios en los que nadie puede mentirme. Me encontré con el mismo anuncio insistiendo en que me quedaban 7 días (siete días...) para detener de una vez por todas mi humillante despoblación capilar. Y ahí sentado, me quedé masticando en silencio la cantidad de veces y de días y de noches, en relación a la cantidad de cabellos y de mentiras que caben ahí adentro.

lunes, 11 de mayo de 2009

En cualquier momento


Aunque aún hay margen y llevamos poco registro de lo dispuestos que estamos para ello, uno sabe que en el fondo se puede morir en cualquier momento.
Un envenenamiento con albahaca y nuez, un accidente en sidecar, un fallo cualquiera en el sistema no detectado a edad escolar, en fin; o bien el desgaste y las secuelas provocadas por los sucesivos desencuentros con el amor correspondido, etc, etc.
Pero la muerte -ese aspecto letal de la vida- cambiaría de registro, devendría en nocturno y frecuente, se reacomodaría en la consciencia entrada la vejez. Cuando ya recuperados de todo, mucho antes que la química, el azar o el amor, lo único que puede terminar con nosotros es el tiempo.

(Foto: Nico) sobre el fondo, el libro Las virtudes del poliamor y el The New York Times Magazine

jueves, 7 de mayo de 2009

Relato de un hombre desagradable



Ambas eran jóvenes. La pelirroja era muy fea, pero sentada al lado de la gorda, con algún esfuerzo y dependiendo del ángulo y del tipo de sonrisa, se la podía hacer merecedora de alguna mentira; sólo mientras se mantuviera sentada ahí. Así que entablé con la gorda. No, no es un error. Me atrajo esa normalidad extrema, su contraste severo con la belleza establecida, el descubierto.

El punto era la total ausencia de atractivo, la seguridad de que jamás podría gustarme. Era única, era justo lo que no quería: un sinsentido tan enorme que se volvía un opuesto razonable. La regla de desear lo que nunca podría ser nuestro encontraba en ella el fallo perfecto que hacía tiempo estaba buscando.
No haría falta pensar, ni elegir estratagemas; se la veía tan necesitada que no lo merecía. Haberla mirado lo consideraba un valor agregado en su vida, asi que no exigiría nada. Su vida comenzó a ser una desdicha desde el mismo momento en el que podía empezar a ser aprovechada. 

Nunca nadie la había mirado así ni se le había acercado de tal modo. Esperé a que pensara que iba en serio. Pensé en la mayor humillación posible de la que fuera capaz, algo que no llegara a ser ni siquiera lo contrario de lo que ella esperaba, sino algo tan vago y grotesco que la destruyera.
Me acerqué a su cara a una distancia de unos desconcertantes quince centímetros:
-¿Te gusta el café... bombón?

Foto: Nico (Madrid. Un café bombón en Callao, miércoles 6 de mayo, 19:30 horas)

viernes, 24 de abril de 2009

No sé lo que es



Hace hoy exactamente un año, Fito Páez aparecía en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, saludaba y daba unos pasos en dirección al público. Instantáneamente, un hombre desaforado, vestido de negro, se levantó de la fila seis con una cámara de fotos en la mano derecha, bajó las escaleras a la carrera y se dirigió en dirección contraria a la de Páez, es decir, hacia él.
Esa escena -absolutamente intrascendente para el público, como para otros tantos miles de anónimos que probablemente obtengan este material, desapercibida por el propio Fito Páez- quedó registrada justo en el inicio del nuevo DVD recopilatorio del cantautor argentino que acaba de salir al mercado, " No sé si es Baires o Madrid", una grabación en vivo de lo que sucedió aquella noche.
En el último tema, un poco antes de los bises que no se registran en este material, cuando la gente pensaba que se terminaba todo, se lo vuelve a ver, observando todo desde la primera línea, al borde del escenario.
Al final, justo en la última escena, se pone su chaqueta marrón y vuelve tranquilo a su sitio. Está convencido de que nada ha acabado allí.

Fito Páez se presentará el miércoles 6 de mayo a las 21.30 en la sala Joy Eslava de Madrid
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Citas al margen:
"Respecto a la crisis actual, Fito Páez comentó que todo el mundo está tan asustado, que yo les diría: `Muchachos, bienvenidos a Latinoamérica". Diario El Universal, de México. http://www.eluniversal.com.mx/notas/591460.html
"Alguna vez Tweety González dijo que el problema de Fito en el exterior es su voz, ese timbre que parecería sólo se puede escuchar con afecto y desde la Argentina..." Diario Clarín, de Buenos Aires. http://www.clarin.com/diario/2008/10/01/um/m-01771456.htm

sábado, 18 de abril de 2009

Detrás de la ceremonia

Se quitó la goma que le recogía el pelo provisionalmente
y se armó un moño del tamaño de un limón.
Lo cubrió con una pequeña red negra elástica
y empezó a pincharlo con unos ganchos para sujetarlo.
Después completó con seis horquillas el resto de su cabello.
Su cuerpo casi no tenía curvas
y su cara estaba francamente minada por el acné.
Pero su encanto era suficiente.

jueves, 16 de abril de 2009

La flor del mal



Si el infierno no existe, entonces ¿a dónde va a parar toda esta gente? No me refiero a los imbéciles catalogados, ni siquiera a los mala leche, sino a aquellos que podemos definir con toda certeza como la mismísima mierda de este mundo. La representación más cercana y palpable de la maldad, aquellos que se abusan, que se ríen de la debilidad ajena, que refriegan su egoísmo, que viven a costa del otro, que avasallan con insistencia la humildad y el honor, aquellos que queriendo pisotearon la sencillez de tanta gente buena, tantas veces, durante tanto tiempo. Y se sintieron poderosos.

Mucha gente se pregunta dónde y cuándo pagarán por su maldad manifiesta, por su pronunciado cinismo, cuándo les tocará a ellos la desdicha y la desgracia merecidas.
Pero yo creo que si les sucediera algo malo no hay que alegrarse. Me plantaría ahí el primero, les donaría mi sangre, les daría de comer en la boca, observaría su desnudez con serenidad; el rostro de una vejez implacable, solitaria, de la que nadie sentiría necesidad ni culpa.

(Foto: Nico) Un hongo color oro nacido de la mierda de vaca. (Sierra de Gredos, Madrid)

miércoles, 8 de abril de 2009

Tragar en seco



Eramos cuatro pero hablábamos de la soledad, esa que se siente cuando uno (no) esta acompañado. Anthony dijo que le gustaba el Duero asi que para centrar las cosas yo pedí un Arzuaga de esos que había conocido una noche en Valladolid. Paulina y Helen tramaron el resto: surtido de quesos, ensalada y un par de tostas. Anthony y yo nos miraramos y pensamos... hay que joderse.

Helen se descolgó con que a su amigo el majo, guapo, con casa y coche le costaba mucho encontrar pareja a los treinta y pico. Anthony no dijo nada. Paulina aportó que por más medallas que tenga, un chico solo de esa edad es etiquedado inmediatamente de sospechoso (el famoso por algo será). Entonces Anthony dijo que una chica también levanta sospechas si continúa sola en esa etapa de la vida (la otra famosa etiqueta pero del otro lado). Helen y Paulina sumaron que las chicas en ese terreno lo tienen peor. Anthony y yo no supimos por qué.

Yo ofrecí por cortesía pero en realidad quería llenarme toda la copa y acabar con lo que quedaba del Arzuaga de una vez, incluídas las etiquetas. Tragué.
Dije que entendía perfectamente a la gente que por ciertas circunstancias había elegido protegerse, pero que después de un tiempo, si sigue ahí, en el fondo, sabe a lo que se atiene. Que el problema es que la gente no quiere problemas y que sigue buscando seguridades donde no las hay. Y al final, eludiendo problemas y buscando seguridades para no perder, pierde.
Volví a tragar, pero ya no quedaba más Arzuaga.

Vídeo: Ricardo Darín en El hijo de la novia, de Juan José Campanella (2000)

domingo, 29 de marzo de 2009

De un noble potrillo



Hacía mucho que no acariciaba un caballo,
la España profunda, la niebla matinal,
el olor a campo peinado al costado.
Hacía tiempo que no se detenía el tiempo,
cuando me mostró la lengua, cuando enseñó los dientes,
en el pan fresco y en los chicos inocentes.
Y movía las orejas, porque al atardecer,
todavía quedaba la gloria de un cabrito,
asado como debe ser.

(Foto: Nico) Otero (Piloña) Asturias

viernes, 27 de marzo de 2009

Se deja



No se puede pensar. Hay que sentir la necesidad de presionar y soltar antes o después, sin dejar de razonar ahí abajo, ni de colocar negras arriba. Hay que darle, y ahí va.
Se sabe, todo tiene un porque, un entramado invisible. Hacía más de 20 años que no le ponía las manos encima.
Pero ahora es distinto. No es lo mismo darle al vacío todos estos años. Parecía tan fácil... Hay que estar ahí arriba y darse cuenta de que aquello no sirvió para nada, no aportó técnica, sólo ensanchó las venas, aceleró el ritmo, exacerbó el sentimiento. Recién ahora se deja.

sábado, 7 de marzo de 2009

Protestar antes de saber



-"Te digo que no voy a ir al colegio porque hoy hay huelga y nunca va nadie y los que vamos no hacemos nada en todo el día" Este fue el diálogo que me desayuné con mi hijo pre-adolescente el pasado miércoles 4 de marzo a las 8 de la mañana. -"¿Huelga? vos te vas al colegio en cohete, nene, ya mismo". El chico me salió listo, asi que no fue tan fácil.

Parece ser que los institutos oficiales están "obligados" a comunicar formalmente a sus alumnos -a los de catorce años en adelante- que pueden faltar al colegio, ejerciendo el derecho de huelga para acompañar de alguna manera a sus "hermanos mayores" universitarios, cuando estos a través de las organizaciones estudiantiles se manifiestan en contra del famoso Plan Bolonia. Se ve que la normativa exige a la dirección de cada instituto hacer cumplir rápidamente este permiso para ejercitar la protesta (no sea cosa que les pillen por ahí) aunque, como contrapartida, no están nada apresurados en preparar un día de clase como corresponde para aquellos idiotas a los que se les ocurra concurrir a clase (total, por allí no los pillará nadie).

De más está aclarar que chavales de esa edad, no tienen idea de en qué consiste dicho plan. Vamos, que en su tiempo libre no optan por leer el periódico, sino que se van a jugar a la pelota. Normal.
Pero la educación oficial española, se apura en informar tempranamente de estos derechos, mientras no tiene ni idea de cómo hacer ejercer las propias y más básicas obligaciones.

Esos días de huelga, efectivamente, no va casi nadie a clase (de un 3º de la ESO, menos del 10%, los otros dos 3ros.... ... 0%). Ahí ya no me pregunto por los hijos, sino por los padres. ¿Estarán muy al tanto del Plan Bolonia y optan por protestar utilizando a sus hijos como parapeto? ¿O es que les da sueño, están apurados por la tostada y salir al trabajo, y aflojan enseguida; ahí, cuando el chavalín se les planta a las 8 en punto con un "¡no voy al cole, hay huelga, pá!"?.
Peor aún es comprobar que esos días casi sin alumnos, a los profesores se les acaban las ideas (o las ganas) no dan ningún tema nuevo, no repasan nada viejo, no se dan deberes, no hacen practicamente nada, los chavales se aburren todo el día y se acuerdan del idiota de su papá que les hizo ir igual a estudiar. ¿A estudiar qué?
Ahora me pregunto cuál es la idea de enseñar a ejercer estos derechos así, porque obviamente el que optó por ejercerlo es quedándose en casa viento tele, a hacer el vago. La única contrapartida válida y seria a aquellos que decidieron faltar (dudo que con criterio) es que ese día en la escuela haya un día de clase normal, así haya ido un solo chaval. Lo contrario es tratarlo de estúpido y desde muy temprana edad.

Unicamente con derechos y deberes claros la huelga -hasta esta- tendría sentido. El chaval que va, como el que no, entendería desde el principio que protestar es jodido, conlleva un riesgo, siempre hay que perder algo para conseguir otra cosa, y aprender eso sería muy educativo. Porque si no, con ejemplos como este, los chavales llegan a casa y en vez de hacer los deberes, se ponen a ejercer derechos que no saben ni pueden ejercer aún. Si antes de saber estamos enseñando a protestar esto es un reverendo desastre. Nadie sabría el por qué de nada.

(Foto: Nico)
El Plan Bolonia consiste básicamente en una serie de medidas tendientes a homologar la carga horaria y los planes de estudio de las carreras universitarias de los estados de la U.E. a la vez que orientarlas a las demandas del mercado. Como toda reforma, por supesto, tiene cosas buenas y malas.

sábado, 28 de febrero de 2009

El siervo macho


Yo vivo en un país multicolor, en un edén, rodeado de mujeres, donde gracias al último ajuste de plantilla he quedado atrapado como el único representante del género masculino. Trece mujeres, el periodismo y yo. Nunca me había pasado una cosa así ¡Hombre de Dios!

Por un lado ¿qué hombre no soñó (sueña) con estar rodeado de mujeres? por el otro, como un niño que crece, necesito un referente masculino al lado, alguien que grite un gol, que discuta de política, que diga tacos de vez en cuando y que no hable, sino que mire mujeres. El mandato divino parece ser algo así como te arrastrarás por una redacción y verás mujeres todos los días de tu vida. O la dieta de la manzana.

Así que me hice amigo del ciervo, él es el único referente que tengo de un ser vivo macho en un radio de cinco metros a la redonda. En el fondo es triste, porque ni siquiera es un ciervo sino una imagen de este. Todo lo demás es sexo femenino: las periodistas, la cafetera, la puerta, la ventana, las impresoras... El ordenador no me vale porque para mi es la computadora.

Sería triste hacerme amigo de el papel, el papel en blanco, aunque es el único que de verdad puede entenderme. No soy más que un siervo.

(Foto: Nico) A mis compañeras, con cariño.

sábado, 21 de febrero de 2009

Amar y perder los papeles


Había una hoja de papel cuadriculado en el suelo, una hoja de amor adolescente.
"Yo te kero de corazón... /...cuando yo deje de kererte será cuando yo me muera..."
Días y días de colegio bien desperdiciados, la matemática del deseo y la falda corta que no entiende de literatura un lunes por la mañana. "Tú eres un ángel para mi, si te alejas yo me moriría...". Y un día un beso borró completamente esa amarga espera colegial.
Volviendo a casa yo sostenía en la mano lo que Ferxo había perdido en el tren, justo un mes después de que Marta también perdiera los papeles por él.
Y subían y bajaban miles de anónimos usuarios pisoteando la inocente idea de amar hasta la muerte. Hasta que yo la encontré.

Imagen: Coloreo sobre el documento amoroso encontrado en un tren de Cercanías de Madrid

sábado, 14 de febrero de 2009

El teorema de esos tales (II)



Podría no haber ocurrido. Todo iba camino de que el tiempo hiciera su lento pero implacable trabajo de borronear las imágenes, oxidar cualquier recuerdo. O bien estaba la alternativa de la sensatez absoluta, y el silencio que podría haber desgranado la corrosión, manteniendo en pié sólo lo posible.
Pero ocurrió. Nunca la palabra y la omisión habían tenido tanta mala suerte como para quebrar de un toque ese delicado equilibrio, cualquier vestigio, aquel lugar. No era una buena tarde, es verdad. Eso pudo haber ayudado un poco a oír de más, a huir de menos. Pensó, hizo lo posible. Intentó verter las palabras en alguna ecuación razonable, pero no encontró posiciones ni en el presente ni en el pasado. Se enfrentó a un teorema deforme, y obtuvo un resultado atroz. Lo declaró impracticable.

(Imagen: Nico)

jueves, 5 de febrero de 2009

No hay huevos



Cuando se abatía sobre la Argentina la debacle político/financiera de finales de 2001 hubo algunas miradas de desprecio hacia aquellos que lucharon, tanto con cacerolas como con abogados, para salvar sus ahorros. Otros lucharon directamente con un billete de avión.
Una tibia voz popular elevaba las ideas (¿cuales?) por encima de los derechos individuales dignamente ganados y decía que la clase media movía el trasero recién ahora... cuando le tocaban el bolsillo.

Se alzó un recelo tal que hasta se llegó a insinuar como traidores a la patria a aquellos que pretendían recuperar lo suyo. Y que aquellos que se iban era por que no tenían huevos. (De paso, aquí pueden ver que con mis huevos yo hago lo que se me antoja). El bienestar general debía estar por encima de los derechos individuales. Pero esa delicada línea nunca estuvo tan borroneada como en la Argentina del 2001 (o la de siempre), o como hoy en casi cualquier lugar del mundo.

¿Qué es general y qué individual? Lo general es la suma de lo individual, y no otra cosa, que yo sepa. Ante el clamor que pedía que quiebren los bancos que ahora eran insolventes porque habían arriesgado y perdido, se llegó a esgrimir que una sociedad no era viable sin sistema financiero. Ahí se vio claramente una de las ideas: la sociedad sí era viable con sistema financiero, a costa de una sociedad y una generación diezmada.

¿Sucederá lo mismo ahora, habrá huevos? ¿O será, como siempre, los que no pierden nunca versus los que pierden siempre?.


(Foto: Nico) Un extraordinario omelette de champiñones y queso que yo mismo me hice ayer. Nada que ver con el texto. Salvo que no está en quiebra, ni en venta, ni me lo podrá quitar nadie.

jueves, 29 de enero de 2009

Vestigios



Mi único capital es el viento
y la marea que nos trajo hasta aquí,
contigo siempre sufrí,
pero eso es lo que quiso el tiempo.

No hay lágrimas ni desencuentros,
sólo bitácoras, documentos,
de aquel viaje que nos llevó
tan lejos, a mar abierto.

(Foto: Nico)

viernes, 23 de enero de 2009

El proceso

Pasó a su lado justo cuando él doblaba la esquina. Algo le entró por la nariz y en vez de irle al pulmón le fue directo al cerebro. Lo procesó y lo trasladó unos veinte años hacia atrás. Como si fuera un viejo ordenador sintió como todo se analizaba ahí adentro, en busca de la información, intentando unir esos nexos que habían sido cortados hacía tanto tiempo. En unos segundos, volvían a unirse y obtenía el resultado: ese nombre. Un proceso rápido y perfecto. Se dió cuenta de que podía hacerlo, una a una, ir directo a cada nombre sin equivocarse. Tenía una nariz privilegiada, o muy pocas mujeres habían pasado por su vida.

martes, 20 de enero de 2009

Anestesia local



Todo fue de menos a más, los rumores, la angustia... Esta vez tocaron sensiblemente el alma de mi propio jardín de gente. Todo iba ganando posiciones como cuando uno se avalanza desde la barra, a la mesa mejor ubicada; o desde la puerta misma de casa, exhausto, al sillón. Y se deja caer, se deja envolver, se deja morder.
Ya sé, aquello no era nada personal conmigo, pero me lo tomé mal. Se están abusando de mis profundos deseos de permanencia en ese mercado de elegidos para saborear la vida de una manera complicada pero muy, muy amena.

Y dale que te abrazo, y dale que te achucho... dale. No deben practicarse despedidas de los lugares donde uno sabe que va a volver. Para nosotros -para esta gente- el trabajo es una mera aunque importante excusa para tejer nuestra telaraña en la sociedad, pero si no se teje ahí se tejerá en un bar. Aunque para los otros el trabajo ha pasado a ser la excusa misma, como una gran lavadora, donde se muerden los labios y se lavan las culpas tratando de no aparentar lo que en realidad desean: volver a administrar la esclavitud.

Y será así, como iremos a ver el mundo por nuestra propia cuenta, desde otro lado. O nos veremos obligados a tomar cada vez con más frecuencia una copa de vino en paz mientras escuchamos un poco de jazz. Porque según parece, no haremos nada más. Salvo eso, aplicarnos anestesia local.

A la izquierda, Dave Pybus y vino en el Café Central . Derecha, sillón y vino.
Fotos y montaje: Nico.

La expresión "jardín de gente" está inspirada en la canción de Luis Alberto Spinetta

lunes, 12 de enero de 2009

Aquello que hemos perdido



La caballerosidad parece haber sido reemplazada por los gallumbos y los pantalones a media asta, mientras que la raya del culo pretende llegar a ser más interesante que una hermosa espalda de mujer.
Al menos de este lado del hemisferio, queriendo o sin querer, tengo que observar diariamente cómo se ha reducido el tiro del pantalón. No sólo en las chicas, sino también en los varones. En las escaleras del metro no me queda otra y me da calor tener que subir justo detrás de una chica que se va sosteniendo o levantando con una mano detrás el pantalón hacia arriba. Siento que las viejas me miran mal y piensan "Ese asqueroso le anda mirando el culo a la chica y ella, pobre, se tiene que tapar". Ante esa injusta duda que me incomoda mucho voy a hacerme una camiseta con una inscripción que diga "No se confunda, señora, la ordinaria es ella".

De acuerdo que algún que otro culo interesante se puede ver, por lo demás a mi me resulta bastante incómodo. Pero en los varones es francamente peor. No sólo porque no me interesan para nada los culos masculinos, mucho menos ver la insoportable pijada de la marca de los gallumbos que usan, sino que nada más de verlo me resulta casi más incómodo a mi que lo que supongo le resulta a ellos. Me dan ganas de decirle "Nene, mirá que se te están cayendo, ¿eh?". Pero me contengo. Veo que no les queda otra que caminar como un pato, apretando las piernas hacia afuera para tratar de sostenerlo, unos movimientos de lo más extraños. Encima usan un cinturón inútil... ¡a la altura de las pelotas! Me pregunto hasta dónde puede un ser humano perder la cabeza y aguantar semejante incomodidad con el sólo fin de estar a la moda. O cuánto la moda puede carcomer el cerebro humano con tal de sobrevivir en base a sus variadas desfachateces y desagradables inventos.

Hace rato que quería decir esto. Me vino ahora a la memoria porque me recordaron por ahi esta maravillosa escena de Esencia de mujer, que me pareció justo el polo opuesto a la imagen que me veo obligado a ver casi todos los días. El buen gusto (que no el lujo), el sublime cortejo o el sencillo encanto de hacer sentir bien a alguien a cambio de una sonrisa o del silencio. Son una actitud y es parte de todo aquello que hemos perdido. O directamente hemos perdido la cabeza.

Al Pacino y la indescriptible Gabrielle Anwar en una escena de Esencia de Mujer (Martin Brest-1992).
La música es el tango Por una cabeza, de Carlos Gardel y Alfredo Lepera, compuesto en 1935.

miércoles, 7 de enero de 2009

Luchador de consumo




Dejando de lado las causas, parece ser que se está tratando ahora de que no caiga a pique el consumo y los gobiernos del mundo se reunen, hablan y se rompen la cabeza (nunca el culo) para ver cómo lograrlo. Cómo hacer que consumamos, que sigamos comprando como siempre, y para eso perfilan acciones para dar liquidez al mercado (líquido, es decir que el dulce de leche estaría a la baja en estos momentos, es muy espeso). El tema es que no se pare la rueda, porque como todos sabemos la economía mundial depende de un muy delicado, pero sobre todo injusto equilibrio de consumo.
Entonces me volví tonto y me hice esa molesta pregunta, ¿y por qué?. ¿Por qué hay que consumir para que funcione el mundo? Antes de chocar contra mis propias reflexiones pensé que quizá durante todo el 2009 no tendría ganas de consumir nada, nada más que aquello que me permitiera vivir de forma básica en el siglo XXI: luz, gas, algunas horas de televisión, transporte, unas verduras, arroz basmati, un bistec a la plancha y una sola nueva camisa. Música, eso sí, y con la mayor frecuencia posible alguna cena en un restaurante con encanto. Ni si quiera sería necesario seguir escribiendo estas líneas.

Pero la rueda no va ahí, sino que gira mayormente en base a montones de inventos y deseos innecesarios (al frente de la tabla vayan los insoportables politonos de los moviles, la vestimenta actual que dura -nos la hacen durar -cinco días de moda, o la TV y el DVD de super-archi-mega-ultra-hiper definición, etc, etc, etc...) Me imagino algunos cerebros diciendo "¿y ahora qué podríamos inventar? ¿qué le podemos agregar a esta ensalada?". Consumo espurio, lejos estamos de conducir una rueda en base a un trabajo en línea con una producción que sirva a las necesidades reales del ser humano.

Entonces no consumir estanca, va contra el tamaño, la velocidad y la dirección hacia dónde va la rueda que mueve este mundo. Asi que en línea con este criterio, con la forma que ha tomado esto, un día podrían venir a detenerme por la fuerza, a mi propia casa. Yo preguntaría cuáles son mis cargos y me contestarían: No consumir, señor. Es delito contra la estabilidad mundial.
La bendita rueda, si. Hay veces que hasta creo que prefiro pinchar.

(Imagen: Nico)