Juan llega tarde. El Gaita ya va por la tercera...
-¿Qué hacés nene?
A la camarera,`Un Rueda Verdejo, por favor´.
-Sigues conservando ese toque de chaval mariquita, eh. ¿Por qué no te pides una cerveza?
-Dejate de joder Gaita, pasate al buen gusto, haceme caso.
Hace meses que no se ven. El Gaita y Juan mantienen sus diferencias, la guardia alta en una lucha que se les vence con los años. Pasa el tiempo, cada encuentro es como un ajedrez revuelto. Ambos saben que es mejor darlo por perdido y dedicarse a otra cosa. Pero se resisten.
-¿Te has cortado el pelo?
-No. Nadie se auto-corta el pelo.
-Vaaaleee.
-No, vale no. Tengo hambre y está mal formulada la pregunta. Es más importante el verbo ir, que cortar.
Interrumpe otra vez.`¿No puede ser en un vaso bajo de esos... Si, gracias´.
-Cortar... Ir, Gaita, ir. Sobre todo para mi, que aún puedo caminar, pero ya no tengo mucho para cortar ahí. ¡Jiri-poyas!... ¿Y de qué te reís?
-Llevas años aquí y no has aprendido ni los tacos, bah...
-¿Querés uno de allá? Andatealarrrrrep....
-Vale, vale. Oye, tengo una sospecha. Por casualidad ¿no te has ido a cortar el pelo, pedazo de cabrón?
-Si, poco y mal.
-Gracias por responder. Bueno, dejemos el pelo...
-Si, yo lo vengo dejando hace rato. Pidamos algo ya, por favor.
- A ver... ¿carne o pasta?
-¿Qué es esto, un avión? Te traigo aquí para...
-¡Pero si estos sitios que te gustan a tí son una mierda Juan!. Lo que te quería decir, escucha, es que no puedes seguir analiz...
-Sí, ya sé. Lo que te dije por teléfono no venía al caso, pero yo no puedo más con Yolanda.
-Eso ya lo sé... Qué ¿que pasó ahora?
-Es una mina que tiene las curvas al revés.
-¡Ja! ¿Y eso?
-Si, imaginate: la nariz ganchuda, el culo chato, tetas cóncavas...
-Para, no empieces a hablar raro. Habla en español tradicional, en serio ¿puede ser?
-No es una parábola de nada. Te digo que esa mina es al revés.
-Esta bien. Pero en todo caso ¿ahora te das cuenta?.
-... La mitad del tiempo no lo supe, la otra mitad no quise asumirlo, la otra mitad ya no supe qué hacer.
-No existe nada con tres mitades, ¡qué dices!
-En el caso de Yolanda, sí. ¿No te digo que no es normal?
-Has dicho que es al revés, que es distinto. Y además eso dependerá de dónde estés parado tú.
-No provoca cosas normales. Logra que interprete en tres mitades. Fijate vos...
-Tú interpretas demasiado. Estás jodido, eh...
-Si, no para de caerse. Hacia arriba se cae. Mirá... mirá...
sábado, 3 de octubre de 2009
jueves, 17 de septiembre de 2009
El sarcoma de Pozuelo

Unas horas después de que Aguirre declarara autoridad pública a los profesores, el periódico ABC decía que ninguno de los padres de los menores que cometieron desmanes en Pozuelo aceptaba el castigo impuesto por el juez y recurrirán las medidas.
Hoy me declaré enfermo y fuí a ver a mi médica de cabecera. Se atrevió a decirme que padecía una alergia y me recetó una pastilla de antihistamínico cada 24 horas. Le dije que era una insolente y que de ninguna manera le iba yo a permitir que me dijera lo que tengo que hacer, dejar de hacer, ni cada cuanto.
Se inquietó un poco y se sentó en la camilla. Entre lágrimas me confesó que ya no daba más y que los caramelos Sugus ya no eran los de antes. Le dije que no se preocupara, que lo mío era un estertor, una reacción sórdida originada en Pozuelo y Belénes Estéban y de los otros. Entonces tomó agua y se recostó. Yo la seguí, me acosté a su lado lentamente. Mientras nos calmábamos yo la declaré autoridad pública y ella me obsequió un Ibuprofeno.
( Foto: Mahnicus )
martes, 8 de septiembre de 2009
Mal aliento

Cada uno tiene su particular forma de sufrir. Yo, me regocijo en la queja inútil y en la acumulación de conclusiones ácidas.
Inmediatamente después de conocerse el traspase del futbolista Cristiano Ronaldo al Real Madrid (en junio pasado) por la suma de 93 millones de euros, eximios periodistas se devanaban los sesos debatiendo sobre si semejante cantidad de dinero por un jugador de fútbol era algo antiético; sobre todo en los tiempos de crisis que corren.
En otros lugares del globo, unos meses atrás, comenzó a correr la pólvora cuando se supo que los presidentes Néstor y Cristina Kirchner compraron a un sospechoso muy bajo precio, grandísimas extensiones de terrenos fiscales en la patagonia argentina, que luego vendieron por sumas millonarias. Pero comprar no es robo.
Un periodista cualquiera en el paro, accede a investigar, dedicar tiempo, experiencia, escribir y entregar en tiempo y forma un tema gordo que se publicará en un medio a nivel nacional. Todo, por poco más del valor de una muy buena cena para dos personas.
Y podríamos seguir...
En cualquiera de estos casos uno podrá decir sottovoce "No hay derecho..." Pero el problema es, justamente, que lo hay. En las tertulias, todos hablaban de ética, moral o humillación, pero la pregunta que nadie se animaba a debatir es el por qué era legal. En el fondo, no tiene sentido pedirle a las leyes lo que nosotros no hemos sido capaces de pedirle a la democracia. La justicia no tiene vida propia fuera del cerebro humano; por lo tanto, mientras no la incorporemos nosotros, la ética no tendrá nada que hacer ahí.
Yo puedo sentarme a propósito justo al lado de un hombre hambriento y haraposo a comerme boca abierta arriba un delicioso pote de dulce de leche, terminármelo ahí mismo e irme. Más allá de ganar automáticamente el Guiness al ser humano más despreciable del universo, nadie podrá hacerme nada. Es más, yo no he hecho nada ilegal, mientras que cualquiera que decida darme de palos será quien habrá faltado a la ley.
Vaya paradoja. Algo hay que perder, el tiempo o la razón.
(Ilustración: Carletti Jr. II. Todos sus derechos están reservados)
martes, 1 de septiembre de 2009
El perro opuesto
Mientras metía paladas a diestra y siniestra surcando el río Duratón, me di cuenta de que, al contrario que en el remo tradicional, en una piragua se rema empujando el agua hacia atrás, lo que permite avanzar mirando hacia adelante y no queda otra que ir dejándolo todo.
Así, pensé que en oposición al perro, el rencor es el peor amigo del hombre, y quien antes pueda liberarse de ese compañero terrible, tanto antes podrá tener la suerte de avanzar, mirar hacia adelante y disfrutar de una paz interior y exterior pocas veces experimentada.
Unos buitres enormes sobrevolaban sobre nosotros y nos acompañaron durante todo el recorrido. De todas formas lo recomiendo, no hay nada como ir hacia adelante.
(Foto: Nico) Descanso de piraguas en el río Duratón. La mía, con botella de agua. Recomendado www.hocesduraton.com/
jueves, 30 de julio de 2009
Confesiones de invierno

A las siete menos cuarto de la mañana el inconfundible sonido de un ciclomotor de 50 cm cúbitos exigido al máximo me avisa que el tipo del kiosco sigue dejando La Nación por debajo de la puerta del garage de casa. Está muy oscuro. El motorcito regula y al rato el tipo continúa su recorrido cargado de periódicos, adelante, atrás y con un gorro en la cabeza.
Hace un par de horas que no puedo dormir y estoy tentado de acabar con esta película real de mi pasado, bajar y adelantarme a mi padre en coger el diario. Pero me pareció una crueldad hacerle eso a sus ochenta y siete años (mi padre... por la tarde, me entregó unas carpetas con los guiones originales de cuatro piezas de teatro que terminó de escribir hace un par de años no más y que le prometí leer antes de regresar a Madrid). Entonces, preferí intentar dormir otra vez, aunque todavía a las ocho vi como se apagaban las luminarias de la calle y un gato blanco y gris desistía de zamparse un zorzal y se bajaba del roble.
Básicamente el periódico decía que el 49% de los argentinos no puede proyectar a futuro y por otro lado, que el 28% de los chicos bonaerenses de hasta 2 años está malnutrido. Después, todo el resto anda muy bien. De hecho, por la noche cené en Elsinor donde además de velitas, un ambiente romántico, acogedor y jardín iluminado, tenían un Estrella Malbec de la bodega Weinert, cosecha especial 1977, por 2400 pesos (unos 480 euros) que por supuesto no pedí.
Por la tarde me dediqué a tirar líneas hacia el oriente, hacia el Uruguay, y aunque tenía casi decidido cruzar el Río de la Plata en barco (cosa que nunca hice) me puse a consultar tarifas aéreas. Así que apostando una vez más por la tierra que me vió nacer y por la aerolínea que me dejó varado siete horas en un vuelo a norteamérica (hace 11 años), tanto como dos días en Madrid (hace 4), cogí el teléfono y llamé a Aerolíneas Argentinas. Como no contestaba nadie salvo una musiquita y un verso encantador, me puse a llamar a otras compañías. Todas me respondieron casi al instante y me informaron con corrección y absoluta amabilidad. Aposté una vez más, insistí con Aerolíneas y empecé a prestar más atención al o que versaba el hombre de la grabación, por encima de la pomposa banda musical: "...Nuestro destino es que volvamos a sentirnos orgullosos de nuestra aerolínea de bandera. Una bandera que es la más grande del mundo. Aerolíneas, ahora más que nunca... Argentinas" (esto último, haciendo referencia a la reconquista de la compañía por parte del gobierno argentino a la española Marsans). El pequeño detalle es que no se puede volar. Cinco minutos con el tubo en la mano y no logré que me atendiera nadie.
Nuestro destino... qué barbaridad. ¿Cómo se atreven a seguir hablando del destino? El orgullo no tiene alas y sufre de estupidez y anacronismo agudo. No me gusta todo esto que vengo escribiendo. Buenos Aires no me inspira, salvo algunos encuadres fotográficos que me interesan. A mi regreso espero mejorar, volver a la poesía o tal vez al silencio.
(Foto: Nico) Puerto Madero. Buenos Aires.
Hace un par de horas que no puedo dormir y estoy tentado de acabar con esta película real de mi pasado, bajar y adelantarme a mi padre en coger el diario. Pero me pareció una crueldad hacerle eso a sus ochenta y siete años (mi padre... por la tarde, me entregó unas carpetas con los guiones originales de cuatro piezas de teatro que terminó de escribir hace un par de años no más y que le prometí leer antes de regresar a Madrid). Entonces, preferí intentar dormir otra vez, aunque todavía a las ocho vi como se apagaban las luminarias de la calle y un gato blanco y gris desistía de zamparse un zorzal y se bajaba del roble.
Básicamente el periódico decía que el 49% de los argentinos no puede proyectar a futuro y por otro lado, que el 28% de los chicos bonaerenses de hasta 2 años está malnutrido. Después, todo el resto anda muy bien. De hecho, por la noche cené en Elsinor donde además de velitas, un ambiente romántico, acogedor y jardín iluminado, tenían un Estrella Malbec de la bodega Weinert, cosecha especial 1977, por 2400 pesos (unos 480 euros) que por supuesto no pedí.
Por la tarde me dediqué a tirar líneas hacia el oriente, hacia el Uruguay, y aunque tenía casi decidido cruzar el Río de la Plata en barco (cosa que nunca hice) me puse a consultar tarifas aéreas. Así que apostando una vez más por la tierra que me vió nacer y por la aerolínea que me dejó varado siete horas en un vuelo a norteamérica (hace 11 años), tanto como dos días en Madrid (hace 4), cogí el teléfono y llamé a Aerolíneas Argentinas. Como no contestaba nadie salvo una musiquita y un verso encantador, me puse a llamar a otras compañías. Todas me respondieron casi al instante y me informaron con corrección y absoluta amabilidad. Aposté una vez más, insistí con Aerolíneas y empecé a prestar más atención al o que versaba el hombre de la grabación, por encima de la pomposa banda musical: "...Nuestro destino es que volvamos a sentirnos orgullosos de nuestra aerolínea de bandera. Una bandera que es la más grande del mundo. Aerolíneas, ahora más que nunca... Argentinas" (esto último, haciendo referencia a la reconquista de la compañía por parte del gobierno argentino a la española Marsans). El pequeño detalle es que no se puede volar. Cinco minutos con el tubo en la mano y no logré que me atendiera nadie.
Nuestro destino... qué barbaridad. ¿Cómo se atreven a seguir hablando del destino? El orgullo no tiene alas y sufre de estupidez y anacronismo agudo. No me gusta todo esto que vengo escribiendo. Buenos Aires no me inspira, salvo algunos encuadres fotográficos que me interesan. A mi regreso espero mejorar, volver a la poesía o tal vez al silencio.
(Foto: Nico) Puerto Madero. Buenos Aires.
El título Confesiones de invierno, está dignamente robado del album del mismo nombre que el conjunto Sui Generis (Charly García y Nito Mestre ) editó en 1973.
jueves, 23 de julio de 2009
Mis aires de buen turista
En estos días, no sólo opongo resistencia al frío de Buenos Aires (ayer, entre 0º y 7º durante todo el día, sumado a un viento terrible) sino también a la tentación de organizarme, agendar y planificar los múltiples encuentros con amigos y familiares. Me dedico a resistir en general y prefiero que me lleve el viento y los sorpresivos correos y llamados telefónicos.
Justamente en uno de esos huecos, a destiempo, fuimos ayer a escuchar tango a San Telmo, uno de los viejos barrios porteños, por excelencia y tradición (foto) y conocí al buen turista argentino: el americano o europeo, extranjero en el sur, que baja del hotel céntrico a conocer el tango, las calles y el Río de la Plata.
Justamente en uno de esos huecos, a destiempo, fuimos ayer a escuchar tango a San Telmo, uno de los viejos barrios porteños, por excelencia y tradición (foto) y conocí al buen turista argentino: el americano o europeo, extranjero en el sur, que baja del hotel céntrico a conocer el tango, las calles y el Río de la Plata.
Hoy quedé con El Cabezón, que como yo, eligió resistir en retirada aunque él fue a parar al Caribe. Entramos a un café en las Lomas de San Isidro. Hablamos de su Caribe, de mis tapas ibéricas y de nuestro país. Ahí hubo que pedir otro café porque la cosa se alarga y se complica. Unos minutos después de retirarse, volvió a entrar y me regaló un libro Manifiesto Cívico Argentino, del rabino Sergio Bergman. Ahí, este hombre muy bien formado, de 47 años, apela al argentino medio, que tiene su vida más o menos resuelta y también a la clase dirigente a que participe, se transforme y rescate al verdadero ciudadano activo que duerme detrás del mero habitante.
No lo he leído, pero ya me estoy preguntando: Si, está bien, pero... cómo. Porque como una foto perfecta de la Argentina, donde hay marcado un paso de peatones, los coches no frenan y en su lugar, después que murieron unos cuantos atropellados, siguen sin frenar y entonces se opta por agregarle a la señal un policía para que intente detener el tránsito de alguna manera.
Es triste que la gente no respete ni sus propias señales. Se pisotea todo. Por eso me pregunto cómo, porque está lleno de gente que ya no lo resistió más y muchas que siguen en pié porque resisten. Es un camino de frente a un viento en contra permanente. Un tango, hermoso, maravilloso, que nunca fue fácil de bailar.
(Foto: Nico) Buenos Aires. Tanguería en San Telmo
viernes, 17 de julio de 2009
Mi Buenos Aires turista

La Cultura de las Ciudades, de Lewis Mumford, segunda edición, impresa el 7 de noviembre de 1957; La Cuestión Social, de Johannes Messner, noviembre de 1960; tres tomos encuadernados de Historia de la Filosofía, de Émile Bréhier, marzo de 1962. Al azar, tres reliquias de la extensa biblioteca que acuñaron durante años mi padre y mi madre. A dónde ha ido a parar todo esto para que yo escriba semejantes banalidades.
Acababa de terminar de jugar al fútbol en la calle Thames. Pensé que conocía mi barrio perfectamente y que entonces un miércoles cualquiera y lluvioso de julio no sería necesario una reserva previa en Rosa Negra, asi que nos mandamos directamente para Dardo Rocha. Pegó en el palo, estaba a tope y hubo que esperar mesa quince minutos. En ese interín, se detuvo ante nosotros para ponerse la chaqueta el Dr. Claudio Zinn, ex doctor televisivo de las tardes para las señoras y amas de casa, actual Ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires, actual perseguidor del temido virus H1N1. Instantes después, vestido de negro y de ojos claros, se apoyó en la barra y en su teléfono móvil uno de los Bakchellian, ex dueños de Gatic, concesionaria durante décadas de la firma deportiva Adidas para la Argentina, actual amigo de algún socio en problemas, actual ocupado en frecuentes viajes al Uruguay, etc, etc, según mis aguzados oídos llegaron a percibir.
Yo quedé sentado mirando hacia una enorme pared-bodega, llena de botellas polvorientas y bien iluminadas. En la carta, amplísima, aparecían no menos de cien vinos, que iban desde los 50 a los 900 pesos (redondeando, desde los 10 a los 180 euros).
Veinte minutos antes, a sólo mil metros de ahí, mezclado con un barrio bien, a medio camino entre mi casa y Rosa Negra, un chico de unos once años vistiendo una simple camiseta en plena noche fría y húmeda, hacía malabares con tres pelotitas de goma en un semáforo de Perú y Avenida Santa Fé. Nada que ver con los chavales de Abascal y Castellana. ¿Cuánto podría tener que ver un vino de 900 pesos (medio sueldo) con ese pibe argentino?
Durante el aperitivo, al morder un pan, me dio una punzada terrible en el maxilar del lado derecho. Recordé lo mal que jugué y el pelotazo que acababan de darme en el partido; pero como no había utilizado el maxilar hasta ese momento no me había percatado del daño. Pensé que aquello me arruinaría la cena, el pelotazo, las pelotitas de goma, la lluvia de siempre. Me veía pidiendo sopa mientras pasaban manjares consistentes por mis narices. Me iría a hacer malabares con el pibe, o cualquier cosa menos usar el maxilar.
“Tráigame el Malbec, este Malbec, por favor…”
Investigación sobre el Entendimiento Humano, de David Hume, impreso el 25 de agosto de 1945. ¿Hasta dónde se puede llegar? Algunas cosas se han ido perdiendo en los sucesivos cruces del Atlántico, otras tantas siguen aquí.
(Foto: Nico) 18.30 horas. Calle Alvear y el río, Martínez (San Isidro) La gente se reúne a tomar mate y tocar la guitarra al borde del Río de la Plata. Mientras, por el horizonte, aparece desde el Uruguay una luna grande como un queso.
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