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jueves, 7 de abril de 2011

Yo creo que me quiere


Cómo se puede ser tan bestia; cómo puede haber en ser humano alguno una línea tan fina entre la caricia y el estrangulamiento. Cuáles serían las razones -salvando el significado de la propia palabra-  por las cuales, digamos por caso, una frecuente presentación de la cena fría en la mesa deriva antes en la idea del asesinato que en la idea de invitarla a cenar.

Según la crónica, en un barrio de Madrid, un joven de 21 años acababa de estrangular a su chica de 19, embarazada de cinco meses y, acto seguido, mostraba vía webcam el cadáver en directo a su familia residente en  Rumanía. Y la imagen del cadáver apareció en una pantalla en Rumanía, coronando -aparentemente- un acto de cachondeo o la tardía preocupación de un reverendo hijo de puta, que dominaba con soltura la banda ancha.
El periódico El Mundo intentaba ir más allá y en un enlace anexo se preguntaba en tono preventivo "¿Estás segura de que tu pareja te quiere?" .

Yo creo que sí, pero aún con dudas se me ocurren algunas alternativas al asesinato. Todas en mi contra: preparar una ensalada, tomar un café con leche... Se podría convivir con la duda del querer -la gente se pasa la vida averiguando cuánto, cómo y por qué se quiere con alguien-. Pero nunca podría convivirse con la duda de si me quiere matar o no. Porque eso sería la respuesta a la duda anterior.

(Foto: Reuters /via El Mundo) Un cadáver fruto de las disputas en Costa de Marfil

sábado, 11 de diciembre de 2010

El país del que me fui



En la tele aparece un tipo con el torso al descubierto, portando un arma de fuego en la mano. La lleva semi escondida con una camiseta y de vez en cuando la eleva y amaga con disparar, o dispara.
El noticiero dice que el hombre ya  está identificado. Se trata de un integrante de la barra brava del club de fútbol Huracán; dicen que ha viajado al Mundial de Sudáfrica con "Hinchadas Unidas Argentinas" -según entiendo, un proyecto creado por un dirigente kirchnerista, complicadísimo de entender. Se explica que nace como algo similar a una ONG para trabajar con gente de las villas y que.... Uno se cansa... se cansa de leer- Lo concreto es que vía esta institución se envíó a ciertos hinchas de fútbol para alentar a la Selección Nacional durante el último Mundial a Sudáfrica y que este hombre estaría entre ellos. 
Se llega a decir incluso que esta persona podría trabajar en la Obra Social de los empleados de la Ciudad de Buenos Aires. Pero esta última información no se confirma y lo más seguro es que todo lo que se dice puede ser parte de una vieja campaña de desprestigio mutuo, una lucha de poder entre el gobierno Nacional de la Presidente Cristina Kirchner y el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, liderado por el Intendente Mauricio Macri.

Todo esto, a su vez, se inscribe en un día de furia que ya se cobró cuatro muertos. No llega a ser el desenlace, sino el saldo provisorio de una batalla campal que se estalló el martes pasado en Villa Soldati, un barrio marginal del sur de la capital Argentina. 
Hay un gravísimo problema social en todo el país pero que aquí se eleva a la categoría de paradigma. Hay un parque público que es ocupado por gente de muy bajos recursos, porteños mezclados con inmigrantes, la mayoría bolivianos que además son discriminados. Intentan establecerse pacíficamente y hasta establecer sus propias viviendas precarias en el parque. Hay un sector de la misma zona dominado totalmente por narcotraficantes donde no puede ni entrar la policía. Los vecinos protestan por la ocupación del parque porque no pueden pasear en paz con sus niños. Hay una guerra de pobres contra pobres. 
El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires -aparentemente y con cierta lógica- intentó desalojar a los ocupas del parque y se desató la furia. Desbordado pidió ayuda al gobierno nacional para que envíe parte de la Policía Federal a la zona y le ayude a apaciguar el conflicto. Pero el gobierno se niega y se echan la culpa mutuamente. Nadie quiere ensuciarse las manos con sangre, sangre de la gente que los ha votado. La feroz guerra política deja a los ciudadanos en las manos de la injusticia e inmediatamente, de la violencia y la muerte.

Discutimos del país. Él está muy en contra, yo todavía un poco a favor pero cada vez menos, otros defienden todo a muerte. En cualquier caso, discutimos desde uno de los peldaños más privilegiados de la Argentina: una casa, un asado, unas copas y café... Yo, además, discuto desde afuera. Vine, ví y opiné. Sé que me crucificarán por esto. Lo asumo.
En realidad, casi todos opinamos lo mismo: no queremos esto; pero terminamos teniendo el mismo problema: cómo, por dónde empezar. 
Pareciera que hay casi tantas argentinas como sectores, como intereses, como habitantes en este suelo y así, cuando hay tan poca cosa en común no llega a haber un país. No hay una base infranqueable, firme y estable de la que ya no se debería discutir más. Todo puede ser.
A todo esto, cabe decir que no hay en este momento una mala coyuntura económica. La Argentina está creciendo hace ya varios años a un ritmo del 7%. 

La principales autopistas y avenidas de la Capital sufren diariamente cortes por parte de un puñado de personas, pertenecientes cada día a un sector distinto, que protestan por alguna causa, justa o más o menos justa.
La policía no interviene. Hace años el fallecido Néstor Kirchner tomó como bandera nacional la no represión a los piquetes de protesta. "...frente a cuestiones sociales no cabe la mano dura", repitíó ayer mismo la presidenta. Se enarbola con esto, además, la defensa de los derechos humanos. En principio la idea suena bien, pero a costa de esto hay otra parte del país que tiene que soportar esa protesta. Por lo que sea, la ruta de ida o de regreso a casa en paz no está garantizada nunca. Y a costa de esto llevamos ya cuatro muertos en 48 horas en el conflicto de Villa Soldati.
¿Dónde está la línea que divide la intención de no reprimir con la sensata aplicación de la seguridad pública en defensa del bien común? No existe esa línea y en su lugar se abre otra vez el ancho río del enfrentamiento entre Nación y Capital con el discurso político: "Quieren hacer aparecer que como defendemos los derechos humanos no nos importa la seguridad", se queja la presidenta Kirchner, disparando contra la oposición.
Pero al argentino medio no le importa si interviene la policía de Capital o de  Nación, tampoco le importa el color político y la zona donde cayó el cuerpo ensangrentado del muerto. Le importa la seguridad como uno de los pilares elementales de cualquier democracia.
En los foros la gente pide la renuncia de Macri, en la tele se quieren comer cruda a la presidenta. Pero los muertos son  argentinos.

Volviendo a la batalla campal de Villa Sodati parece que lo que era el cuarto muerto no está aún muerto. En medio de los disturbios, herido, lo habían subido en una ambulancia. Pero los más violentos, enfurecidos, se metieron en la ambulancia, lo sacaron y le pegaron un tiro en la cabeza. Lo dieron por muerto pero parace que sigue vivo.

Me hago un café. Por un lado de la ventana entra el sonido de un clarinete. Algún alumno del conservatorio practica la escala pentatónica y se nota que mejora. Por el otro lado, en el jardín, un zorzal pica el pasto y saca una lombriz. Caen las flores del jacarandá.

(Foto: Nico) Un tren de TBA -Trenes de Buenos Aires- acaba de salir de la estación de Martínez con dirección a Tigre.

jueves, 8 de octubre de 2009

El anarquista


Hace un tiempo me ronda por la cabeza una conjetura fantasmal: que la democracia ha dejado de serlo para transformarse en una mera subsidiaria del poder económico. Yo suponía que esta idea era vieja y por tanto inocua, pero una noche, hace un par de años, cuano la esbocé entre copas sobre una mesa de viejos amigos, todavía dio pelea y me llamaron hasta anarquista, cariñosamente, mientras me servían otra copa.
Yo no me refería a eludir ni puentear a la democracia (mucho menos en preferencia a otro sistema) sino a tener mucho cuidado de llamar a esto democracia. Porque alguien puede pensar que esto es verdaderamente el gobierno del pueblo y así, confundirse tanto, verse engañado de tal forma que prefiera en serio otra cosa, lo que sería realmente peligroso. Por eso propuse inventar alguna nueva palabra para nominar a esto que nos gobierna desde hace, digamos, medio siglo.

El ciudadano medio, por ejemplo, (solo del medio hacia arriba, claro) goza desde hace un tiempo de unos determinados derechos sociales dignamente ganados por nuestras generaciones anteriores. Ahora, justo ahora cuando la cosa se pone complicada -que son los momentos para los que se creó aquella protección- se habla de eliminar algunos de aquellos derechos, porque -según dicen- son esos derechos (nunca la avaricia de los poderosos) lo que no nos permitiría salir de la crisis.
Asi que me pregunto para qué sirven las leyes si cuando la cosa se pone difícil (o sea justo cuando hay que usarlas) se opta por hacer una excepción y no cumplirlas. O, dicho de otro modo, no me digan que esto es el gobierno del pueblo.

Probablemente, leer a Zygmunt Bauman (Tiempos líquidos/Tusquets) -que compré por casualidad una tarde de este verano en Buenos Aires- sea un poco deprimente; pero es que Bauman, dice unas verdades grandes como un tronco y quizá sea eso lo que me atrae; ese bálsamo que uno siente al toparse con una madera de verdad mientras nada en un mundo sucio, lleno de mentiras y de eufemismos. Aunque algunos viejos amigos me tenían más cerca a mi, me juego una apuesta contra el mundo a ver quién es más anarquita, si él o yo.

Foto: El anarquista, visto en el Aeropuerto de Roma, Fiumicino, el 15 de julio de 2007

domingo, 21 de junio de 2009

La crisis del mojito

Situación
Sábado a la noche. 1.45 de la madrugada. De copas con amigos por Malasaña. Espero pacientemente en la barra de un bar para hacer el pedido. Al cabo de unos 15 minutos...


-Hola poneme dos mojitos, una sin y una...
-No tenemos mojitos.  
Y la chica, mirando a los asistentes en general, acota: -¡Yuuuuu! ¡ya podemos decir que no tenemos más mooojiiiiiitoooos, yea, yea!...
-Bueno, poneme una sin y ahora te digo qué hacemos con lo otro.
Me voy a preguntar a los colegas y vuelvo

-Listo, los dos mojitos por dos caipirinhas y ya te digo el último que la chica que falta está en el baño...
-Vale.

 Vuelvo a los 10 segundos. Me la encuentro preparando las dos caipirinhas
-Ok, el último es otra caipirinha más.
-Mmm... no, me parece que van a ser dos. No me alcanza para más.
-Bueno... ejem... y ¿qué me podés ofrecer entonces?
-No, mira, no puedo perder tanto tiempo por tres copas.
- ... ¿Cómo? 
Me mira y no responde. Insisto.
- ¿Qué borde, no?
-¿Qué has dicho?
-He dicho que qué borde. No tenés mojitos, no te alcanza ni para tres caipirinhas y me contestás así?
-Mira, no hace falta que me entiendas. Dime qué quieres y ya está. Te puedo ofrecer un...
-Nada, nada. Poneme una Coca-Cola no más...
-Tengo...
-Que no cariño, no se te ocurra perder el tiempo conmigo. Poneme una Coca-Cola te digo.
-Bueno, ahora no te pongas borde tú ¿eh?, que para eso nos ponemos borde los dos y sino esto se arregla yendo al bar de al lado y se acabó...
-Te digo que me pongas una Coca-Cola, gracias.

En situaciones normales me hubiera ido, claro. Recomendándole antes que se meta un mojito, una caipirinha, más mi dedo meñique y el índice en el orto, todo junto, quiero decir al mismo tiempo. 
Pero estaba con amigos y no quise arruinarle la noche a nadie, asi que la sin, las dos caipirinhas y yo, que quería la tercer caipirinha, me tomé la Coca-Cola como un rey.
Al salir del bar miré hacia atrás (para recordar el nombre donde no debía volver) y ví un cartel grandecito recomendando, justamente, exclusivamente "Mojitos, Caipirinhas", cosa que no había notado antes de entrar. Al volver a casa me acordé de que España es el país que vive de los servicios, en un gran porcentaje de los gastronómicos (bares, copas, pinchos, vida nocturna, etc) Me acordé también de que estamos pasando una crisis enorme, donde se supone que uno debería estar agradecido de que consuman en su local y donde el propietario de un local de servicios debería esforzarse más que nunca por atender bien, porque puede que la cosa se le ponga jodida pronto... nunca se sabe.
Yo me acuerdo...  por ejemplo... Esta gente, que ofrece mojitos y no tiene, caipirinhas y no tiene, después cuando tiene algo te trata para el orto. Esta gente, digo, ¿de qué piensa vivir?

1. Nota del autor: disculpas por el tono soez.
2. Recordatorio: No volver al Café de Mahón, Plaza dos de mayo, barrio de Malasaña, Madrid.

jueves, 11 de junio de 2009

La mano de Dios



El problema de la enseñanza religiosa siempre fue que mientras transmite la doctrina, indefectiblemente se ve tentada de enseñar a no pensar, a no discutirla. Yo acaté algunos años aquel principio, pero ahora leo el periódico más que La Biblia y me decanté por la razón. Asi, me surgen preguntas: Si Dios perdona pero la justicia no ¿entonces quiere decir que la justicia es más justa que Dios?
Quizá el padre Grassi -al que recuerdo presente casi diariamente y durante horas en los más prestigiosos programas televisivos argentinos referentes a política y sociedad- nunca se hizo esa pregunta, ni ninguna otra. Después del seminario, en cuanto tuvo alguna duda directamente se sentó a un chico de quince años sobre su falda y dijo: Dios perdona, asi que la justicia no puede ir más allá. Pero no (y eso que la justicia argentina es un reverendo... desastre).

Pero lo que ni Dios ni la justicia podrán dilucidar nunca es cuánta de la represión sexual meticulosa y fervientemente (y solapadamente) transmitida por la Iglesia durante siglos se manifestó en ese instante, el momento en el que Grassi no aguanto más, desconfió de la enseñanza en el seminario y se soltó las manos para acariciar a un chico inocente. Paradójicamente, para descubrir que en los años de seminario tenían razón, que por hacer eso caería sobre él un severo castigo.
Conclusiones erróneas. Es lo que pasa cuando la enseñanza divina se canaliza a través del desconocimiento del hombre. Hombres de poca fé, quieren tocar lo que no conocen.

domingo, 17 de mayo de 2009

Pelos, mentiras y goma de mascar

Inventados el chicle y la estupidez, cabría preguntarse ¿para qué compiten los chicles, cuál es el objetivo? Dicho de otro modo: Yo voy normalmente al supermercado y compro huevos, sólo compro mayonesa cuando la publicidad me los rompió lo suficiente. 
Según parece, hemos decidido vivir de la mentira y lo innecesario. Un viaje en cohete que nos muestra en un nanosegundo las manzanas que crecen en un valle fértil; el politono regulable por presión, que se tira pedos a las tres y cuarto de la mañana; una infinidad, una sucesión de cosas de ese tipo. Está claro que sólo necesita ser vendido aquello que no es realmente necesario.
Hablando de huevos, recuerdo ahora dos casos que me rompieron bastante la cabeza. Este no es un tema nuevo, ya sé, simplemente quiero saber por qué decimos que la publicidad es engañosa cuando en realidad lo que sucede es que nos miente, y nada más.

Trident Senses parece ser el último lanzamiento de la conocida marca de chicles propiedad de Cadbury Adams, dirigido a masticar nuestra perspicacia. En el spot publicitario televisivo dice: "Nuevo Trident Senses..." y agrega, "votado producto del año por los consumidores". Me pregunto cómo hicieron para votarlo ya producto del año si acaba de salir al mercado; los habrán encerrado en una enorme burbuja de goma de mascar orbital (¿verde o rosa?) a masticar meses y meses... "¡Firme, diga que le gustan!" les habría dicho el gerente de producto. "¡Continúe!", y no dio lugar al angustiante pedido de pastillas contra del dolor del músculo masetero. Ni caso, había seguir, comparar elasticidad y goma hasta voltear a la competencia. 

Este otro caso no tiene nada que ver con el anterior y es peor, me toca ahí donde duele. Una página entera en un periódico gratuito decía hace un tiempo: "Tienes 7 días para detener la caída de tu cabello". Muchos días después, quizá la semana pasada, cogí en el metro un periódico gratuito que ocupaba el sitio en el que yo pretendía sentarme, uno de esos pocos sitios en los que nadie puede mentirme. Me encontré con el mismo anuncio insistiendo en que me quedaban 7 días (siete días...) para detener de una vez por todas mi humillante despoblación capilar. Y ahí sentado, me quedé masticando en silencio la cantidad de veces y de días y de noches, en relación a la cantidad de cabellos y de mentiras que caben ahí adentro.

sábado, 29 de marzo de 2008

Denominación de origen


Cada vez estoy más lejos, más afuera de las tribus, de los ghettos, de los grupos, de los nacionalismos. Lo sé, me meto en una muy grande.
No creo más en los que son de, los ustedes siempre, los cómo sois vosotros. No creo en eso ni cuando es peyorativo, ni cuando es halagador. Lo confirmo recién ahora, pero lo sospechaba de chiquito. Míreme fijo, dígame si soy yo un desastre, o si soy yo una Maserati . Usted me está conociendo a mi, no al pueblo entero.
Es cierto que existen las culturas y las comunidades. No reniego de ellas, ni de las tradiciones en absoluto. Al contrario, porque (por suerte) existen lugares distintos, climas distintos, historias distintas, vidas transversales. Tiempos de ocio coexisten con otros de recogimiento. Por eso mismo. ¿Se imaginan qué aburrimiento, si no?

Pero cada vez creo menos en el glamour francés, en el desparpajo italiano, ni en la parquedad de los alemanes, ni en la verborragia argentina, ni en la estupidez norteamericana, ni en la candidez mexicana, ni en la delicadeza asiática, ni en "los vascos y las vascas".
Hay algunas cosas en común entre la gente de cierto lugar, pero usted y yo tratamos con personas. Esto mismo que usted lee es, en realidad, sólo entre usted y yo. No es Wisconsin vs. Marrakech, ni Valparaíso vs. Taillínn. Utilizamos los gentilicios por una simple (y un tanto estúpida) convención, que tiende a disolver a una persona con nombre y apellido, con una historia única, en un aguarrás de seres humanos de una zona determinada. Determinada, la mayor parte de las veces, por una simple casualidad, por la raya del meridiano 58º Oeste, porque papá y mamá tuvieron que viajar, o peor aún, por una fuerza externa o simplemente por mala suerte. Mucho antes que ser de Nairobi, usted es usted. La diferencia entre un uruguayo y un argentino es imperceptible para la mayoría de las españolas. De cualquier forma, si era del Río de la Plata, dirán que les hicieron el verso. Todos.

El otro día se confundieron: "Perdona, no te ofendas por la pregunta ¿eres paraguayo o argentino?". Soy de Mondragón, nací en Comodoro Rivadavia, mi padre es Genovés, mi madre de Trondheim, estudié en Puebla, mi mujer es de Bangkok, me duele el pelo derecho y a usted qué le importa. Otra vez alguien me dijo "que encanto sois". Ahí me entró la duda de si se habrían confundido otra vez. Confundido a mi con cuarenta millones de personas. Me retiro de ilusiones, por un momento llegué a pensar que yo podía ser un encanto.
Tú no eres interesante, eres interesante si eres de Nebraska. Parecías muy inteligente, pero no has estudiado Actuario en Reykjavic. Eres inmensamente guapa, pero no tienes apellido francés. La paso bien contigo, pero acabo de enterarme de que has apoyado la Revolución Bolchevique. Ahora me obligaré a no quererte más, dame un minuto.

Hace poco comprendí que sobre la península ibérica no puede haber mayor incompatibilidad que entre un vasco y un argentino. Estoy utilizando los gentilicios, sí. Pero permítanme una excepción. La excepción está salvada porque en función o a pesar de lo que estoy exponiendo, un vasco (o vasca, Sr. Lehendakari) y un argentino pueden llegar a congeniar de tal forma que me ha decidido a deshacerme definitivamente de las denominaciones de origen. Y los invito a hacerlo. Casi todas las supuestas incompatibilidades que tenemos, están dadas no por la cultura, ni siquiera por la historia, sino por la política.
Esto último, me hace acordar a una airada discusión que mantuve la semana pasada, que me hizo llegar a una ardiente conclusión: cada vez tolero menos la defensa de las ideologías por encima de las ideas mismas. O lo que es parecido, la negación de una verdad en función de quién, cómo y dónde lo diga. O, que cada vez creo más (o no) en las personas.

martes, 18 de marzo de 2008

Prohibición preventiva



¿Tomó usted alguna vez una foto en el metro? Así, por diversión; a su hijo, su sobrino. ¿Sintió algún tipo de acidez estomacal, tuvo calor, mareos?
Hoy infringí una norma, dos veces: le tomé una foto a una máquina expendedora de billetes del metro (esa que es mi máquina del tiempo). Y después otra, a un cartel. Como podrán entender, esto es terrible.

-¡Oiga, usted! No puede sacar fotos a las máquinas.
-¿Por qué?
-Porque no, señor.
-¿Pero, por qué?
-Yo no sé, señor, es lo que indica en el reglamento. Tiene que pedir una autorización. ¿Por qué le toma una foto a las máquinas?
-Porque tengo ganas.
-¿Ganas? ¿qué va a hacer, la va a enmarcar y la pondrá en su salón?
-No le entiendo. Quiero saber por qué no tengo la libertad de tomar una simple foto, cual es el riesgo, que ley infrinjo, a quién estoy perjudicando.
-No sé señor, yo sólo le digo que sin autorización no se puede. Si quiere saber por qué, hable con los jefes de la oficina de Información de Metro.

Hacía 3 minutos que yo ya había apretado el obturador, sin flash, casi sin enfocar el objetivo. Nadie salió herido, no aumento el costo de las bananas, ningún ciudadano perdió dinero, no puse en riesgo la salud de mi Hamster ruso, la lavadora de casa sigue funcionando.
Debo suponer que por default se me presume terrorista, y a usted también. Ahora estoy preocupadísimo. Me he puesto a pensar dónde, cuándo y a qué le he tomado una foto en los últimos dos o tres años. Creo que le tomé una a mis pies y otra a una lata de anchoas.
Deberían bajar el precio de las cámaras fotográficas. En realidad, últimamente, esta prohibido tomar fotografías de casi todo.

(Foto: Nico) La foto de la máquina la tengo archivada. La foto publicada y retocada digitalmente (también prohibida) la tome unos metros más adelante y más abajo que la de la máquina, sin que se produzca agitación alguna en la zona.

sábado, 1 de marzo de 2008

Envía "idiota" al 7575


Estoy hasta el tobillo de las compañías de teléfono móvil. Hasta ahí, de sus promociones y de sus delirios de paternidad sobre el cliente. En realidad estoy hasta un poco más arriba, pero en esa zona cuando me la tocan, o me excito o me duele, así que dejemos el tema por el tobillo, ¿vale?.
Me equivoqué; en vez de coger un periódico gratuito, o de ponerme a mirar lo grande que las chicas llevan los bolsos en el metro últimamente, me puse a leer un folleto de la compañía de móvil con la que estoy cogido hasta las… el tobillo, si.Venía todo bien, mirando fotitos súper chulas de los últimos modelos de móviles con 3G, MP3, JPG, joDT y lavabo, hasta que llegué a una página deliciosa. Enterita, dedicada a asesorarme en la tarifa que me convendría elegir para gastar menos. Cada renglón que leía me cabreaba más. Yo puedo ser un poco idiota, pero no pensé en pagarle a ninguna empresa para que me lo recuerde.
Vamos a ver. Ya lo sabe todo el mundo: ningún módulo de tarificación le cuadra a nadie. ¿A usted le sirve uno? No. Todos sirven... un poquito. Un poquito por la mañana, un poquito de familia, un poquito de sms... Además, si eliges tarifa familia, seguro que te deja tu mujer. Si eliges, tarifa noche, te metes a monje de clausura. Y si eliges tarifa amigos, seguro que a la semana te mudas de país. Pero volvamos al folleto este que me arruinó la mañana.
"¿Recargas mucho tu móvil de tarjeta? A veces pagamos demasiado por nuestras llamadas…" Faltaba un "¿eres idiota, quieres que te ayude?". Que soy estúpido, vamos, que no me entero de nada.
Insiste: "Y es que no todos hablamos igual" No, qué va. Chino, finlandés... Incluso yo mismo, cuando tengo que comunicarme con vuestro servicio de Atención al Cliente me salen unas cosas de la boca que no se parecen a ningún idioma conocido. Hasta la imagen mía que se refleja en los vidrios hace gesto de cubrirse del miedo a que le dé una ostia.
Y dale: "Pero a veces todo es más sencillo cuando alguien te guía..." Para ello hemos creado un servicio de asesoramiento gratuito y personalizado ...". Gratuito, sí. Faltaría más, oblar para que me asesoren sobre la mejor forma de que me pasen el cepillo a fin de mes. Personalizado, si, ya. Te juro que es mas sencillo si del otro lado te habla un humano, no el hipopótamo digital que me ponen ustedes. A una persona por lo menos la puedo mandar a la mierda con gusto, sentir cómo sufre más o menos como yo, se esfuerza por entenderme, piensa.En fin. Yo les agradezco, de verdad. El esfuerzo, las ganas, la buena voluntad... Hola. ¿hola?...

En la foto, Maxwell Smart. El Superagente 86 estaba de los teléfonos hasta más abajo que yo.

sábado, 23 de febrero de 2008

Yo también soy una idea... aunque no tan espectacular


Como homenaje al Bicentenario de la formación del Primer Gobierno patrio en Argentina (25 de mayo de 1810) y la posterior declaración de la independencia (9 de julio de 1816) un proyecto arquitectónico realizado por el grupo Torcello, planea construir el Buenos Aires Forum (BAF) 2010-2016, un Centro Internacional de Negocios y Comunicación, que con 1 kilómetro de altura se transformará en el edificio más alto del mundo.
El súper edificio, tendrá seis plataformas de 55 hectáreas, se ubicará a 5 kilómetros de la costa porteña sobre el Río de la Plata y se accederá a él por medio de un transporte multimodal subfluvial. Costara unos 3.330 millones de dólares y sería "la primera obra pública nacional con endeudamiento privado externo", dijo un ejecutivo.