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domingo, 2 de enero de 2011

Doble de vida

Y todavía tengo el privilegio o la desgracia de ver las cosas que no fueron, de volver a tocar los timbres de los tiempos muertos y descubrir cómo está siendo lo que no ha sido.
Y de a poco sigue amaneciendo y las hojas se mueven igual aunque los árboles están mucho más grandes y las veredas... las veredas nada, las de antes.
Y reconozco a la misma gente más vieja por la calle, ya no me conocen pero yo se que siguen siendo ellos. Y sólo mi madre me sigue diciendo las mismas cosas de siempre, como si fuera la única que logró mantener intacto todo, a mi y al tiempo.
Asi que el lugar es el mismo y los zorzales cantan igual. Pero es otro tiempo, uno en el que no hay ni habrá forma de saber cómo hubiera sido porque estuve en otro lado y no se puede vivir dos veces. 
Pero tengo casi el privilegio... o la desgracia.

(Foto: Nico) Imagen real de la otra vida

sábado, 23 de enero de 2010

Breve historia del tiempo



Se notaba que era Italia porque la historia se te venía encima caminando. Lo que no estaba previsto era tocar la historia y que ella misma me reclamara como suya y me invitara a tomar café.
Habíamos llegado allí vía Milán, en unas mini vacaciones de seis días, pero de esas que forzando kilómetros, horas y rincones, te trasladan en el tiempo y terminan pareciendo eternas.
Una tarde me decidí a visitar Varazze -la ciudad donde hace 88 años nació mi padre- y estaba dispuesto a hacer lo que sea hasta dar con algún "Carletti" (en este caso,  permítanse las comillas). Todo empezó bien porque al llegar a la ciudad el GPS del coche situó perfectamente la calle Cerruti, allí donde mi padre me dijo que había vivido unos pocos meses antes de tomarse un barco hacia la Argentina y modificar la historia que ahora yo pretendía encontrar.  La calle era corta y las perspectivas buenas, pero llegué sin contacto previo, así que empecé a tocar timbres al azar y a preguntar a los ciudadanos de a pie en un débil italiano: "Disculpe, estoy buscando a algún Carletti. Mi padre me dijo que vivían en esta calle, ¿conoce a alguno?"


Todo apuntaba a resolver un enorme enroque del tiempo, confundido de lugares, perezoso de alinearse otra vez con la historia que, en ese mismo instante, pretendía agregar una fotografía pasajera a la postura firme de mi nono Antonio. Fueron sólo un par de consultas: "Siga unos pasos hacia allá, ahí, en esa casa naranja viven los Carletti".
En el listín de portales de la entrada estaba escrito mi apellido, "Carletti". Sentí cómo la historia me miraba a la cara, coincidía con ella -el país, la ciudad, la calle y el nombre- aunque aún me preguntaba si de verdad algo de eso sería mio y si sabría bien quién era yo. De todas formas, aunque desconociera el tiempo, le diría que yo conocía algunas versiones del lugar; o viceversa.

Entré a la casa naranja. Lo primero que atiné a hacer fué sacar de mi bolsillo el papel doblado para mostrarle a Guido Carletti el árbol genealógico que me había hecho mi padre. Fue ahí cuando se produjo el contacto directo con la historia; mientras ambos, así, sin más, descubríamos quiénes éramos. Se determinó sin lugar a dudas que nuestros abuelos eran hermanos, nuestros padres primos, y Guido y yo, primos segundos. ¡Avanti!

De inmediato, sentado, fui invitado a un café y a ver una infinidad de fotos que tenían el mismo color que el café. Pero la más impresionante fue la primera: mi abuelo, mi abuela y mi padre bambino de cuatro años, una foto de 1926. Esa foto yo la identificaba solamente en Buenos Aires; esta era una copia que había sido enviada hace más de 80 años de vuelta al origen, para que la famiglia supiera de las andanzas de aquel hermano por tierras sudamericanas y viera cómo crecía el bambino.
¿Qué hacía eso allí si era mio? ¿Cómo podía yo desonocer eso? Quizá uno estaba volviendo al origen. Pero cuando me pregunté (muy confundido) a cuál de todos supe que era al original, al del origen de verdad.  Un recuerdo mío dormía allí, cobijado por mi desconocimiento. Estaba viendo una parte de la historia del tiempo.

(Fotos: Nico) El centro de Varazze a escasos 400 metros de la casa naranja. Foto vieja: Antonio Carletti, Catalina V. y el bambino, Guisseppe Carletti, mi padre. La calle Cerruti y un costado de la casa naranja.
El título "Breve historia del tiempo" está inspirado en la obra del mismo nombre del científico Stephen Hawking.

viernes, 1 de enero de 2010

Antes y después de las doce en punto



Yo limpiaba unas alcachofas sobre la madera, les quitaba las puntas, las preparaba para hervir. Había llegado un regalo frágil desde Noruega, Julia viajaba en tren hacia Vigo y supe que Yolanda se disponía a hacer unas galletas.
Había unas hierbas recién tomadas sobre la mesada de la cocina, un bote de vidrio con tomates secos, una luz residual. Quizá Yolanda colocaría las galletas sobre una fuente previamente harinada -el horno, pensé, ya estaría caliente desde antes- mientras yo seguía quitando pellejos a mis alcachofas y el tren, entretanto, habría avanzado unos kilómetros más.
Traje a la mesada voces de abuelas, un puñado de plumas de gallina y algún pueblo inhabitado, provisto sólo de restos de amores verdaderos que no llegaron a nada. Imaginé las manos de Yolanda empastadas, dulces, tratando de dar forma a esas galletas.
Pero en realidad, nadie sabía qué hacía el otro, dónde estaba exactamente, ni cuánto disfrutaba o sufría. Cada uno tendría cosas distintas sobre la mesa, ventanales con o sin velocidad y no habría forma de razonar muy bien la diferencia entre las ocho y cuarto y las doce en punto.
Sin embargo el momento era ese y el tiempo pasaba, porque noté que el agua empezaba a hervir. Fué ahí cuando me pregunté ¿de dónde sale el tiempo que se tomará el tiempo para cocinar todo esto? Y lo que es más importante, cómo sabrá todo esto después; mucho después de las doce en punto.

(Fotos: Nico) Algunas imágenes de mi cocina, un par de horas antes de 2010

martes, 8 de diciembre de 2009

Mi Cinema Paradiso



La semana pasada me dirigí al Punto Limpio de mi barrio a deshacerme de un viejo televisor. Al arrojarlo, me hice cargo de ese vacío que comprendió desde que mis manos lo soltaron definitivamente, hasta que el aparato se estrelló en pedazos un poco más abajo en el contenedor. En total, medio segundo aproximadamente. Algo así como un big crunch casero en el que se comprimían todas las imágenes que alguna vez se vieron en esa pantalla en el punto de mi retina.

También la semana pasada, hablando con mi padre por teléfono a Buenos Aires, me enteré de que se había incendiado el cine Bristol, o lo que es lo mismo, el cine de mi barrio, de todo un barrio, con el agravante de que está prácticamente frente a mi casa.
"¿Cómo es que se puede incendiar el teatro? ¡¿Cómo?!", repetía Cristina Bentivogli, dueña del cine-teatro, hija de Ido Bentivogli quien lo fundara en 1947. Algunas fotos del incendio mostraban el esqueleto quemado de las butacas y desde aquí, sin acomodador ni chocolates, me recordé sentado entre esos hierros.
Quizá el incendio del Bristol ocurría en el mismo instante en el que yo soltaba aquí el televisor, y así otras imágenes, aunque mucho más lentamente, se comprimían en polvo para siempre.
¿Cómo se puede incendiar la imagen de una imagen, el recuerdo de un recuerdo?

(Foto:Diario La Nación)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Noche de perros



Entré y ví a ese hombre supuestamente inteligente en su tarea habitual: acechando corazones despoblados; trabajando, al fin y al cabo, un eslabón más de su prosecución de mujeres tristes, siempre a base de polvos robados, intrascendentes. Me senté, pedí un blanco Rueda y lamenté saber un poco quién era. Temi enormemente transformarme en eso.
Afuera hacía frío y la gente seguía llegando. Pasadas las doce de la noche entró una perra, blanca y marrón. No pidió ninguna copa. Sólo buscaba calor con sus ojos, porque se sentía sola, abandonada y perdida. Igual que ella, pensé.
La gente estaba un poco bebida pero la solidaridad con un alma en pena (aunque sea de perro) se mantenía intacta. Entre copas, cigarrillos y mimos de desconocidos, se sintió más segura que afuera. Igual que ella, pensé.
Media hora después, se reencontró milagrosamente con su dueño.

(Foto: Nico) Bar El Irlandés, viernes 0:30 am. Quizá te interesen otras historias en este lugar.

domingo, 29 de noviembre de 2009

El dorsal 5897


¿Qué estaba haciendo usted este domingo a la mañana? Considerando que además de domingo eran las 9 de la mañana, hacían unos 7 grados y llovía, cualquiera que responda otra cosa que no sea dormir está mal de la cabeza. Eso era lo que pensé (el único resquicio de razón que me quedaba encima) cuando promediaba los 10 kilómetros de la carrera Ponle Freno que tuvo lugar hoy en el Retiro; y pensando eso, o cualquier otra cosa, había unas 8 mil personas más.
A los pocos metros de partir, perdí de vista a Yolanda, que cabreada conmigo y con razón, dobló con buen ritmo por Menéndez Pelayo. Pero al rato me encontré con la nro. 1486. Me gustó su perfil, además de su ritmo, y con mi dorsal 5897 en el pecho, vista al frente, consolidé mi paso bien pegado detrás de ella. Así completé casi toda la primera vuelta hasta que la 1486 se quedó rezagada en medio de la subida de Alfonso XII y tuve que abandonarla, aunque no encontré otra como ella en todo el trayecto.
En el kilómetro 6,5 la lluvia se transformó en tormenta, el viento comenzó a soplar muy fuerte, los arboles del Retiro despedían hojas para todos lados, bajó la temperatura a unos 5º y comenzó a granizar. Lo cual me graduó de mi estado anterior a descerebrado mental si decidía continuar la carrera.
Y así lo hice -siguiendo las premisas de Tian- empapado, con las zapatillas pesando el doble que en la partida, llenas de agua y con la temible segunda subida de Alfonso XII a la espera. Ofuscado, vi pasar por mi izquierda a la 1486, que había descansado lo suficiente y cogido un ritmo que no le pude seguir. Continué. Algunas viejas, protegidas de la lluvia bajo la parada de los autobuses, nos gritaban "¡ánimo!"; otras, "¡venga, que os veo muy parados!". Y entre los miles que soportábamos nuestra propia demencia dominical alguno se desahogó con un "¡mañana no curra nadie!" que provocó risas que dificultaron los últimos metros hacia la llegada.
El dorsal 5897 cruzó la meta en el 4968 lugar, en unos dignos 1h, 10m, 26 segundos; con un espantoso ritmo de 6:58 y a escasos 39 minutos 3 segundos del ganador. Esto, según la página de Ponle Freno. Pero yo, como ven, podría contarles otra cosa.

Foto: carrera Ponle Freno, esta (terrible) mañana en el Retiro de Madrid. Ponle Freno en Facebook. El dinero recaudado en esta maratón popular será destinado a mejorar la seguridad vial a través de la Fundación Antena 3.

martes, 13 de octubre de 2009

Fuera de guión



Era un lunes ejemplar de otoño en Madrid. Festivo, 27 grados, cuatro de la tarde. Yo estaba tomando un café al sol en la Plaza Santa Ana cuando apareció Fito Paez con Ana de Armas y se sentaron en la terraza de al lado. Pensé que con Fito ya sólo me falta que venga a casa a tocar el piano el día de mi cumpleaños y casi nada más. La próxima vez ya le voy a decir "Fito, soy yo".
Terminé mi café. Al rato, mientras él abrazaba y besaba a mi hijos y me estrechaba luego la mano a mí, me pareció una injusticia que yo sepa tanto de él y él ni siquiera sepa quién soy. Nimiedades, como cuántas veces escucho un tema suyo en el coche por semana, que el nombre de este blog se inspira en una canción suya, o bien que este sábado estuve ensayando una versión extraordinaria de Tres agujas, grabada por Luis Alberto Spinetta, y que sonó muy bien.
Cuando me iba, me pasó por al lado Eusebio Poncela, que ni se enteró de que por ahí andaban Paez, Ana y más aca yo, y se metió en un bar. Asi que intencionalmente, corté la escena, dejé de hacer aparecer personajes y abandoné la plaza y la tarde.
(Foto: Nico) Reflejos, contrastes y dobleces cerca de Plaza Santa Ana.

viernes, 26 de junio de 2009

Ready to go


Cuando se viaja, normalmente uno considera la ida como el primer viaje, impar (el 1º) y el regreso es un viaje par (el 2º). Pero hace un tiempo que vivo al revés, como con un eslabón perdido en algún lado. Esta ida no será impar, ya que será mi cruce 16º, mientras que el regreso tampoco será par, evidentemente será el 17º. Entre medio tiene que haber pasado algo imprevisto, un viaje sin retorno, un cambio de sentido. O alguna ida que en medio del Atlántico se la declaró regreso.

Pero el tema no es tanto resolver de qué lado quedó el origen sino cuál es el sentido. De hecho no se puede resolver el sentido sin antes determinar el lugar. Y creo que es allí, durante esas horas curvas e interminables, sometido al gobierno del tiempo, el espacio y la velocidad, cuando me doy cuenta de lo que hice. De lo inconsciente que fui para jugar con las variables de esa regla de tres simple. Cambiar el lugar, obtener otro resultado.

Boarding pass del viaje 14º. Frankfurt (FRA) - Buenos Aires (EZE) directo sin escalas por Lufthansa. 13 horas 45 minutos de vuelo.
Salvo la fecha todo será igual este próximo 3 de julio. Hasta el asiento, 40K. Ventanilla, por supuesto.

viernes, 24 de abril de 2009

No sé lo que es



Hace hoy exactamente un año, Fito Páez aparecía en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, saludaba y daba unos pasos en dirección al público. Instantáneamente, un hombre desaforado, vestido de negro, se levantó de la fila seis con una cámara de fotos en la mano derecha, bajó las escaleras a la carrera y se dirigió en dirección contraria a la de Páez, es decir, hacia él.
Esa escena -absolutamente intrascendente para el público, como para otros tantos miles de anónimos que probablemente obtengan este material, desapercibida por el propio Fito Páez- quedó registrada justo en el inicio del nuevo DVD recopilatorio del cantautor argentino que acaba de salir al mercado, " No sé si es Baires o Madrid", una grabación en vivo de lo que sucedió aquella noche.
En el último tema, un poco antes de los bises que no se registran en este material, cuando la gente pensaba que se terminaba todo, se lo vuelve a ver, observando todo desde la primera línea, al borde del escenario.
Al final, justo en la última escena, se pone su chaqueta marrón y vuelve tranquilo a su sitio. Está convencido de que nada ha acabado allí.

Fito Páez se presentará el miércoles 6 de mayo a las 21.30 en la sala Joy Eslava de Madrid
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Citas al margen:
"Respecto a la crisis actual, Fito Páez comentó que todo el mundo está tan asustado, que yo les diría: `Muchachos, bienvenidos a Latinoamérica". Diario El Universal, de México. http://www.eluniversal.com.mx/notas/591460.html
"Alguna vez Tweety González dijo que el problema de Fito en el exterior es su voz, ese timbre que parecería sólo se puede escuchar con afecto y desde la Argentina..." Diario Clarín, de Buenos Aires. http://www.clarin.com/diario/2008/10/01/um/m-01771456.htm

viernes, 27 de marzo de 2009

Se deja



No se puede pensar. Hay que sentir la necesidad de presionar y soltar antes o después, sin dejar de razonar ahí abajo, ni de colocar negras arriba. Hay que darle, y ahí va.
Se sabe, todo tiene un porque, un entramado invisible. Hacía más de 20 años que no le ponía las manos encima.
Pero ahora es distinto. No es lo mismo darle al vacío todos estos años. Parecía tan fácil... Hay que estar ahí arriba y darse cuenta de que aquello no sirvió para nada, no aportó técnica, sólo ensanchó las venas, aceleró el ritmo, exacerbó el sentimiento. Recién ahora se deja.

sábado, 28 de febrero de 2009

El siervo macho


Yo vivo en un país multicolor, en un edén, rodeado de mujeres, donde gracias al último ajuste de plantilla he quedado atrapado como el único representante del género masculino. Trece mujeres, el periodismo y yo. Nunca me había pasado una cosa así ¡Hombre de Dios!

Por un lado ¿qué hombre no soñó (sueña) con estar rodeado de mujeres? por el otro, como un niño que crece, necesito un referente masculino al lado, alguien que grite un gol, que discuta de política, que diga tacos de vez en cuando y que no hable, sino que mire mujeres. El mandato divino parece ser algo así como te arrastrarás por una redacción y verás mujeres todos los días de tu vida. O la dieta de la manzana.

Así que me hice amigo del ciervo, él es el único referente que tengo de un ser vivo macho en un radio de cinco metros a la redonda. En el fondo es triste, porque ni siquiera es un ciervo sino una imagen de este. Todo lo demás es sexo femenino: las periodistas, la cafetera, la puerta, la ventana, las impresoras... El ordenador no me vale porque para mi es la computadora.

Sería triste hacerme amigo de el papel, el papel en blanco, aunque es el único que de verdad puede entenderme. No soy más que un siervo.

(Foto: Nico) A mis compañeras, con cariño.

martes, 20 de enero de 2009

Anestesia local



Todo fue de menos a más, los rumores, la angustia... Esta vez tocaron sensiblemente el alma de mi propio jardín de gente. Todo iba ganando posiciones como cuando uno se avalanza desde la barra, a la mesa mejor ubicada; o desde la puerta misma de casa, exhausto, al sillón. Y se deja caer, se deja envolver, se deja morder.
Ya sé, aquello no era nada personal conmigo, pero me lo tomé mal. Se están abusando de mis profundos deseos de permanencia en ese mercado de elegidos para saborear la vida de una manera complicada pero muy, muy amena.

Y dale que te abrazo, y dale que te achucho... dale. No deben practicarse despedidas de los lugares donde uno sabe que va a volver. Para nosotros -para esta gente- el trabajo es una mera aunque importante excusa para tejer nuestra telaraña en la sociedad, pero si no se teje ahí se tejerá en un bar. Aunque para los otros el trabajo ha pasado a ser la excusa misma, como una gran lavadora, donde se muerden los labios y se lavan las culpas tratando de no aparentar lo que en realidad desean: volver a administrar la esclavitud.

Y será así, como iremos a ver el mundo por nuestra propia cuenta, desde otro lado. O nos veremos obligados a tomar cada vez con más frecuencia una copa de vino en paz mientras escuchamos un poco de jazz. Porque según parece, no haremos nada más. Salvo eso, aplicarnos anestesia local.

A la izquierda, Dave Pybus y vino en el Café Central . Derecha, sillón y vino.
Fotos y montaje: Nico.

La expresión "jardín de gente" está inspirada en la canción de Luis Alberto Spinetta

sábado, 29 de noviembre de 2008

No quiso más


Cogió el tren. Volvía. Sobre la ventana se proyectó la cara de un tipo serio, cansado de concentrarse y aplaudir muertes prematuras en las escaleras de su empresa. Hoy, dos menos.
Ayer había llamado su madre, para informarle de la muerte de la última tía abuela que le quedaba, tenía 99 años y medio. Cerró sus puertas en un par de días y hasta en esa rápida agonía se dio el lujo de dar órdenes.
Entonces, por un lado, se puso a pensar en la dicha de una vida que hasta el final de sus días fue luchadora, determinante de sí misma, que pareció burlarse de la muerte y hasta de la redondéz matemática, que pareció decir soy yo la que dice cuándo no quiero más. "La muerte quedó exhausta antes de llevársela", le había escrito unas horas antes la genial cabeza de su hermano.
Por el otro, sintió la injusticia del avasallamiento, la humillación del llanto y del abrazo inútil. Se rompió la cabeza ante la impotencia y se hartó de sonreír para siempre, rodeado de gente, pensando. Y dijo en voz alta: "Estoy cansado de aplaudir gente muerta. No quiero más, esto".

A la memoria de Matilde Mucci. (Buenos Aires 1909-2008)

Foto: A la derecha, Matilde Mucci con una de sus sobrinas en Mar del Plata, Argentina, 23 de febrero de 1953.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Color, vino y huevos rotos



Salvo la luna, la noche no fue blanca en Madrid. Se presentó oscura como siempre y si, como dicen, el roce hace al cariño, me debo haber enamorado de un centenar de personas entre la Plaza Santa Ana y Carrera de San Jerónimo.
Los colores no se aprecian bien en la oscuridad, pero si se contrastan con algún sonido delicado se vuelven de un tono fucsia, azul o turquesa. Al menos eso pude rescatar de este lado del obturador, mientras todo el mundo estaba ahí, intentando cogerse (agarrarme, yo) al poste del semáforo antes de ser fagocitado por la avalancha de la muchedumbre.
Unas tres copas de Albariño se mezclaron a las doce en La Bardemcilla con un acorde de jazz y un haz de luz. Pero nada me nublo la vista. Alguna idea se me cruzó por la cabeza, algo todavía me sostenía en pié. Una oscura noche de color, el vino blanco y los huevos rotos.

(Foto: Nico) La Orquesta Nacional de Jazz en La Noche en Blanco de Madrid. Sábado 13 de septiembre.

lunes, 4 de agosto de 2008

Lado B. No sé si es Baires o Madrid

15:50. Aeropuerto de Madrid Barajas, domingo. Espero ansioso la llegada de El Cabezón, amigo mío desde que eramos así (...), que viene desde San Juan de Puerto Rico vía Miami. Hace cuatro años que no nos vemos... y sigo esperando. El avión ya está en tierra, en tierra de nadie. Contemporáneamente, el IB 6844 procedente de Buenos Aires también ha aterrizado.

16:05. Ariel Rot, harto de esperar igual que yo, se pasea con el móvil en la oreja y chequea alguna información con un agente del aeropuerto. Yo observo y pienso que en ese vuelo de Buenos Aires, además de unos 400 anónimos tendrá que venir ese que espera Ariel.

16:17. Se abren por enésima vez las puertas. Con gafas oscuras y una campera algo abrigada para la época, color azul oscuro y verde fosforescente, aparece Fito Paez acompañado de otro personaje desconocido. Ambos se abrazan finalmente a Ariel Rot.

16:18. Al carajo con mi querido Cabezón. Me dirijo a encarar a Fito sin tener idea qué ridiculez le diré.

(con mi mano izquierda dándole una palmadita en su hombro derecho)
- ¡Fito! ¿qué hacés, venis a Madrid y no me avisas nada, che?
- ¡Hola! Claro, je, je...
- Te vi aca hace tres meses con este (por Ariel) y volvés así...
- Si, ¿viste? a visitar al cuñado (risas)
- Bueno, suerte viejo. Chau, che.
- Chau viejo, chau, chau...

Ahi está, de domingo por la tarde y con 38º. Fué el segundo diálogo con Fito en el año. Récord absoluto para tratarse de uno de mis ídolos. Este, el más cercano y directo que tuve jamás.

16:38. Aparece el Cabezón. Cuatro años, una hora y cuarenta y ocho minutos.

viernes, 25 de julio de 2008

Entonces es como dar amor



Cuántas veces lo ví al flaco en vivo, tocando esta hermosa canción y tantas otras más... Cuántas veces, ¡¿cuántas?!... La última, en Buenos Aires, el pasado noviembre de 2007 con mi hermano, el que me inculcó (¿o me inoculó?) al mismísimo flaco en las venas en mi adolescencia. Madre en años luz (1984) fué el primer disco que él intentó inocularme. Yo no entendí nada, ni a esa música rara, ni a mi hermano. Pero quedé envenenado para siempre.

Con esa guitarrita pequeña que se le había antojado por esa época, más allá de esos particularísimos toques jazzeros que siempre dibujó Luis Alberto. Aqui se lo ve realmente flaco al flaco, casi más que yo, un "flaco escopeta", como me decía mi madre hace años luz. "Entonces es como dar amor" forma parte de aquel disco, el último de Spinetta Jade. También forma parte de mí, o es parte de mi forma, y esta en forma de CD en casa (no... en el coche).

Después... después entendí todo, y más. Una tarde -¿habrá sido por 1990?- me bajé de mi coche y comencé a pasear por una calle muy cerca de mi casa y apareció el flaco Spinetta. Justo tenía mi cámara de fotos en la mano y lo único que se me ocurrió decirle fue "¡Flaco!, ¿te puedo sacar una foto?, por favor" Era una tarde cualquiera, el flaco quería tranquilidad y anonimato. No esperaba encontrarse con un loco, pesado e insoportable fanático suyo en esa esquina de Martínez. Entonces, ahora creo que todo aquello fué como dar amor. Yo lo único que hago es compartirlo.

"Nena, te traigo esta canción que descubrí
en el deslinde y esta pena ya pasó, oh! no!.
La lluvia, desnuda marabunta sin lugar para quedarse,
que otra cosa queda ahora más que aquella larga espera"... ...

miércoles, 23 de julio de 2008

Azul y burbujas



Dos inmensas bolsas de aire se acomodaron a ambos lados de mi bañador y me dejaron el culo en pompa sobresaliendo de la superficie. No me avergoncé absolutamente de nada y seguí nadando hasta la otra orilla. Abajo, mi sombra húmeda sobre el fondo. Arriba, nada más que sol, cielo. Pensé en esto, en cómo lo escribiría y en que hace un año, por estos días, estaba volviendo de Italia. No había absolutamente nadie y comencé a sonreír solo debajo del agua. Nada, azul y burbujas, dentro y fuera de mi cabeza.

(Foto: Nico) Sicilia, julio de 2007

viernes, 27 de junio de 2008

La despedida


"Sabe amargo el licor de las cosas queridas,
se acabó lo mejor, quién nos quita esta herida.
Tú me pierdes a mi, yo te doy por perdida,
es la hora de huir, la despedida.
Tengo que correr, tienes que correr
a toda velocidad, a toda velocidad."

Letra: Fito Paez. Pero hoy podría firmarla yo.
Foto: imposible saberlo. Viernes 27, 02:30 am.
Amigos y despedida en algún lugar de Madrid.

miércoles, 18 de junio de 2008

Lejos en Berlín


Es como si tuviera la etiqueta adhesiva ya en la maleta. Esoty más allá que aca. Aterrizando en el Flughafen Tegel un viernes, tipo 10.30 de la noche. Si, un viernes va a ser. Voy a pedir un taxi en inglés, "¡Taxi!", como en las películas, solo, maleta en mano. El primer café agradable que encuentre será mío para siempre. Chucrut con salchichas. Mirarme en la gente y en el lugar desconocidos, y un Der Spiegel que habrá por ahí. Noticias terribles: no volveré al mismo lugar. Con cada sorbo, un párrafo y cada cigarrillo, cara de precupación o de encanto.

"Siempre así, lejos en Berlín,
lejos de todo y hasta lejos de mi,
cuando no estás, cuando no estás, cuando no estás.
No más, por hoy. De verdad"

(Fito Paez)


(Imagen: Nico)

viernes, 6 de junio de 2008

Nunca me oíste



Cuando conduzco, no bebo. Pero toco la batería, la guitarra y sobre todo el piano. Es probable que alguna chica detenida a mi lado en un semáforo, a la que miré por error, me haya visto mover ágilmente los dedos de mi mano derecha por sobre las terminaciones oscuras de los velocímetros de mi coche. Haciendo escalas, transportando el pulgar después del mayor. La Guardia Civil nunca me vio. Se lo pierde, no sabe lo peligroso que es, quitar el pié del acelerador para hacer el bombo sincopado ahí abajo. Por momentos redoblar y darle al Hi-hat con dos manos... Es peor que soplar un 0,8.

Nadie me ha oído, nunca. No tienen ni idea de lo que suena en el interior, de mi coche. No saben que por las mañanas yo jamás sufro un atasco, casi los busco.
"Vos nunca me oíste en tiempo..." Piano Fender Rhodes, tecla natural, mecanismo de percusión, sonido original similar a un xilófono; igual a aquel que tenía conmigo en el dormitorio.
"... Nunca me oíste en tiempo...", un tono más arriba y 300 metros más adelante, hay acordes que me erizan la piel. Batería recargada, alguna vez la vi en vivo en las plazas de una ciudad que da al río, en el mismo barrio del autor de la canción. Un túnel clarísimo, luces automáticas, sin psicodelia. La mirada al frente y la tensión dentro, sosteniendo el tono y la lágrima al borde. Freno, un tono más, "...siempre tuviste un poco de miedo...". M-11 y después salida Estación Hortaleza. Así me dijo un día Silvia que era lo mejor. Se lo pierden todos. Yo, no. Rotonda a la derecha y todo recto. Esta por llegar, no pares ahora, esto no puede terminar acá. Bien arriba, "...¡pero ahora estás a tiempo, oooooh!. Escucha".

(Foto: Nico) Conduciendo, un viernes por la mañana en una autopista de Madrid.