
Dejando de lado las causas, parece ser que se está tratando ahora de que no caiga a pique el consumo y los gobiernos del mundo se reunen, hablan y se rompen la cabeza (nunca el culo) para ver cómo lograrlo. Cómo hacer que consumamos, que sigamos comprando como siempre, y para eso perfilan acciones para dar liquidez al mercado (líquido, es decir que el dulce de leche estaría a la baja en estos momentos, es muy espeso). El tema es que no se pare la rueda, porque como todos sabemos la economía mundial depende de un muy delicado, pero sobre todo injusto equilibrio de consumo.
Entonces me volví tonto y me hice esa molesta pregunta, ¿y por qué?. ¿Por qué hay que consumir para que funcione el mundo? Antes de chocar contra mis propias reflexiones pensé que quizá durante todo el 2009 no tendría ganas de consumir nada, nada más que aquello que me permitiera vivir de forma básica en el siglo XXI: luz, gas, algunas horas de televisión, transporte, unas verduras, arroz basmati, un bistec a la plancha y una sola nueva camisa. Música, eso sí, y con la mayor frecuencia posible alguna cena en un restaurante con encanto. Ni si quiera sería necesario seguir escribiendo estas líneas.
Pero la rueda no va ahí, sino que gira mayormente en base a montones de inventos y deseos innecesarios (al frente de la tabla vayan los insoportables politonos de los moviles, la vestimenta actual que dura -nos la hacen durar -cinco días de moda, o la TV y el DVD de super-archi-mega-ultra-hiper definición, etc, etc, etc...) Me imagino algunos cerebros diciendo "¿y ahora qué podríamos inventar? ¿qué le podemos agregar a esta ensalada?". Consumo espurio, lejos estamos de conducir una rueda en base a un trabajo en línea con una producción que sirva a las necesidades reales del ser humano.
Entonces no consumir estanca, va contra el tamaño, la velocidad y la dirección hacia dónde va la rueda que mueve este mundo. Asi que en línea con este criterio, con la forma que ha tomado esto, un día podrían venir a detenerme por la fuerza, a mi propia casa. Yo preguntaría cuáles son mis cargos y me contestarían: No consumir, señor. Es delito contra la estabilidad mundial.
La bendita rueda, si. Hay veces que hasta creo que prefiro pinchar.
(Imagen: Nico)
Entonces me volví tonto y me hice esa molesta pregunta, ¿y por qué?. ¿Por qué hay que consumir para que funcione el mundo? Antes de chocar contra mis propias reflexiones pensé que quizá durante todo el 2009 no tendría ganas de consumir nada, nada más que aquello que me permitiera vivir de forma básica en el siglo XXI: luz, gas, algunas horas de televisión, transporte, unas verduras, arroz basmati, un bistec a la plancha y una sola nueva camisa. Música, eso sí, y con la mayor frecuencia posible alguna cena en un restaurante con encanto. Ni si quiera sería necesario seguir escribiendo estas líneas.
Pero la rueda no va ahí, sino que gira mayormente en base a montones de inventos y deseos innecesarios (al frente de la tabla vayan los insoportables politonos de los moviles, la vestimenta actual que dura -nos la hacen durar -cinco días de moda, o la TV y el DVD de super-archi-mega-ultra-hiper definición, etc, etc, etc...) Me imagino algunos cerebros diciendo "¿y ahora qué podríamos inventar? ¿qué le podemos agregar a esta ensalada?". Consumo espurio, lejos estamos de conducir una rueda en base a un trabajo en línea con una producción que sirva a las necesidades reales del ser humano.
Entonces no consumir estanca, va contra el tamaño, la velocidad y la dirección hacia dónde va la rueda que mueve este mundo. Asi que en línea con este criterio, con la forma que ha tomado esto, un día podrían venir a detenerme por la fuerza, a mi propia casa. Yo preguntaría cuáles son mis cargos y me contestarían: No consumir, señor. Es delito contra la estabilidad mundial.
La bendita rueda, si. Hay veces que hasta creo que prefiro pinchar.
(Imagen: Nico)




