Sueño con tetas. Quiero decir, me desperté exaltado pensando qué pasaría si un día me despierto y me han crecido unos exuberantes pechos de mujer -lo que sería el gran sueño de un travestido- pero vayamos al grano.
Después de la discusión sobre
si puede decirse
o no miembras, podría seguir otra discusión sobre si los hombres tendríamos (hipotéticamente) tetas o
tetos. Por ejemplo, Metro de Madrid, 9.30 de la mañana, chica, codeándo a su amiga:
"¡Mira que buenos tetos tiene ese chico!" (nótese que ya no se fija en si es guapo e interesante, sino que va directamente a sus tetas, esto es importante retenerlo) Pero esto es al fin y al cabo una mera cuestión semántica, no hace a la cosa.
Vamos a algo más serio, entremos en la pus del grano (porque no era de maíz), por ejemplo: Si mañana entráramos en guerra con la República Medioambiental del Pomodoro, una guerra complicada en la que no bastasen los militares profesionales ¿cuántos ciudadanos efectivos tendría España? Porque supongo que todas las mujeres deberían alistarse. O bien, una pareja podría elegir que la mujer vaya a la guerra y el marido se quede con los pequeños, eso también sería justo y verdaderamente igualitario. Ejemplo, él a ella:
"Cariño, ve tú"
Quiero decir ¿hasta dónde podrían llegar las atribuciones de la señora Ministra de Igualdad, Bibiana Aido? Hasta perjudicar los planes a la Ministra de Defensa, porque en este último ejemplo, llegada la lucha cuerpo a cuerpo, ganará el bando que tenga más hombres, claro está que la mujer por más ruda que sea no posee la fuerza, ni la musculatura del hombre, en promedio general y por simple desigualdad natural.
Digo, esto que comenzó como un ajuste lógico para pasar de un tipo de relación hombre/mujer que había quedado detenida en la era de neardenthal, a una relación más moderna, ¿qué pasaría si esto se nos va de las manos y nos conduce como por un túnel hacia un absolutismo igualitario? Volvamos al Metro de Madrid, dulce hogar de fascinaciones mañaneras. Qué pasaría si... de verdad un día no muy lejano las tías además de mirarnos el culo como ya lo hacen, y los gobiernos además de tocárnoslo, se empeñaran en otras cosas; qué pasaría si nosotros nos sonrrojáramos y bajáramos los ojitos, si se acabara el macho y también las curvas. Qué pasaría si un día llegamos a ser tan, tan iguales que no se perciba más diferencia. El Metro lleno de
mujeros y
hombras, o algo así, no sé. O un montón de muñequitos igualitos, igualitos, igualitos, no sólo despojados de roles esclavizantes y arcaicos, sino de diferencias, de matices y hasta de sexo.