viernes, 27 de junio de 2008

La despedida


"Sabe amargo el licor de las cosas queridas,
se acabó lo mejor, quién nos quita esta herida.
Tú me pierdes a mi, yo te doy por perdida,
es la hora de huir, la despedida.
Tengo que correr, tienes que correr
a toda velocidad, a toda velocidad."

Letra: Fito Paez. Pero hoy podría firmarla yo.
Foto: imposible saberlo. Viernes 27, 02:30 am.
Amigos y despedida en algún lugar de Madrid.

miércoles, 18 de junio de 2008

Lejos en Berlín


Es como si tuviera la etiqueta adhesiva ya en la maleta. Esoty más allá que aca. Aterrizando en el Flughafen Tegel un viernes, tipo 10.30 de la noche. Si, un viernes va a ser. Voy a pedir un taxi en inglés, "¡Taxi!", como en las películas, solo, maleta en mano. El primer café agradable que encuentre será mío para siempre. Chucrut con salchichas. Mirarme en la gente y en el lugar desconocidos, y un Der Spiegel que habrá por ahí. Noticias terribles: no volveré al mismo lugar. Con cada sorbo, un párrafo y cada cigarrillo, cara de precupación o de encanto.

"Siempre así, lejos en Berlín,
lejos de todo y hasta lejos de mi,
cuando no estás, cuando no estás, cuando no estás.
No más, por hoy. De verdad"

(Fito Paez)


(Imagen: Nico)

jueves, 12 de junio de 2008

El acuerdo macabro


Un avión se despedaza en el aire. Pero el nanosegundo de la catástrofe se elonga hasta el infinito. En la eterna caída viajan pasajeros y tripulantes, pero hay uno cualquiera que lo sabía todo. Mientras nos coloca la máscara también nos pone el paracaídas. Ruega tranquilidad y silencio, nos prepara en el aire para el cambio inevitable y habla claro. Ya estamos muertos, pero tocaremos tierra de un momento a otro. Al llegar a la superficie tendremos dos opciones: el que cuente la verdad estará muerto instantáneamente, el que la oculte y se las ingenie para cambiar su identidad y desconocer su pasado, seguirá adelante. Quizá la muerte no sea más que una escena simulada, un acuerdo macabro en el que sólo todo el mundo -salvo el inventor de la catástrofe y nosotros mismos- nos supone muertos.

sábado, 7 de junio de 2008

Cruzar sin cruzar


Una cosa es compartir una gran cordillera y otra una hermosa amistad. Está la opción de cruzar y verse, o tal vez escribir y conocerse. Ahí las cosas pueden mezclarse y suceder que a ambos lados de una hermosa cordillera surja una gran amistad.
Hay barreras que no logran frenar nada, divisiones que no saben qué dividen, o líneas hipotéticas que nunca dibujaron trazo. Lo que no existe no es lo que no se ve, sino lo que no se conoce, aunque exista. Después de conocer algo, por más que no se vea nunca, no habrá forma posible de hacer que deje de existir. No hay retorno, no se puede volver al desconocimiento. De nuestra cabeza no desaparece ni lo muerto, pero sí que puede existir lo que nunca hemos visto. Después de conocer, uno podrá cruzar sin cruzar, viajar sin moverse. Conocer, sin verse.

(Foto:Nico) Cruzando la cordillera de los Andes en dirección a Santiago de Chile. Abril de 2001.

viernes, 6 de junio de 2008

Nunca me oíste



Cuando conduzco, no bebo. Pero toco la batería, la guitarra y sobre todo el piano. Es probable que alguna chica detenida a mi lado en un semáforo, a la que miré por error, me haya visto mover ágilmente los dedos de mi mano derecha por sobre las terminaciones oscuras de los velocímetros de mi coche. Haciendo escalas, transportando el pulgar después del mayor. La Guardia Civil nunca me vio. Se lo pierde, no sabe lo peligroso que es, quitar el pié del acelerador para hacer el bombo sincopado ahí abajo. Por momentos redoblar y darle al Hi-hat con dos manos... Es peor que soplar un 0,8.

Nadie me ha oído, nunca. No tienen ni idea de lo que suena en el interior, de mi coche. No saben que por las mañanas yo jamás sufro un atasco, casi los busco.
"Vos nunca me oíste en tiempo..." Piano Fender Rhodes, tecla natural, mecanismo de percusión, sonido original similar a un xilófono; igual a aquel que tenía conmigo en el dormitorio.
"... Nunca me oíste en tiempo...", un tono más arriba y 300 metros más adelante, hay acordes que me erizan la piel. Batería recargada, alguna vez la vi en vivo en las plazas de una ciudad que da al río, en el mismo barrio del autor de la canción. Un túnel clarísimo, luces automáticas, sin psicodelia. La mirada al frente y la tensión dentro, sosteniendo el tono y la lágrima al borde. Freno, un tono más, "...siempre tuviste un poco de miedo...". M-11 y después salida Estación Hortaleza. Así me dijo un día Silvia que era lo mejor. Se lo pierden todos. Yo, no. Rotonda a la derecha y todo recto. Esta por llegar, no pares ahora, esto no puede terminar acá. Bien arriba, "...¡pero ahora estás a tiempo, oooooh!. Escucha".

(Foto: Nico) Conduciendo, un viernes por la mañana en una autopista de Madrid.

domingo, 1 de junio de 2008

Historias tontas que me harán invencible



Me pregunto qué hacen sobre mi escritorio el 75 por ciento de las cosas que estoy viendo en este momento. Pareciera que se acumulan con sigilo. Ni logran molestarme, ni entiendo cómo hacen ellas para soportarme, ni siquiera sé cómo llegaron ahí.
Una maraca diminuta que nos trajo una colega recién llegada de Cuba. La segunda maraca, porque la primera que me dio a mí personalmente como souvenir ya la uso de llavero.
Un libro, de las decenas que nos llegan, "Las virtudes del poliamor" -¿habrá querido decir poligamia y no se animó?- de un tal Thalmann (valga la cacofonía) en el que ojeando con ojos entrecerrados (¿o entreabiertos?) leí unas cosas terribles que nunca debí haber pensado yo anteriormente.
El The New York Times Magazine del 25 de mayo, con una tal (otra tal) Emily Gould en portada que aquí no la conoce nadie (le pregunté a 5 ilustres periodistas) pero creo que me va a dar mucho que hablar próximamente.
Una mini botella de Ballantines de 5cl que alguien habrá traído de un viaje en avión, o igual se la compró en una tienda, especialmente con la intención de dejar de beber, pero se ve que no lo soportó y me la dejó a mi, y salió corriendo a comprarse otra de 75 cl, como Dios manda. Ahora veo que está abierta y recuerdo que alguien le echó un poco a un bote de leche para sobrellevar una tarde (o una vida) complicada.
Un clásico pero insólito envase de 6 huevos blancos, pero conteniendo en su lugar 6 pelotas de golf, que en realidad son jabones, que en realidad... uff... quitando una de las bolas/jabones/huevos de golf, aparece debajo un papelito rojo que dice "¿te atreves a jugar?" Me pregunto a qué, y me dan ganas de ponerme a jugar a los huevos fritos en un campo con forma de sartén y ensuciarme, ensuciarme todo.
Un patito de madera laqueada. Este sí se de dónde viene, tiene historia. Nos lo robamos infantilmente (ya ni recuerdo quién) hace meses o años de un restaurante chino al que solíamos ir a comer en la pausa laboral. Dicho pato fué tontamente bautizado como El pato cantonés y soportó hasta una mudanza de la empresa. O el pato nos sigue o le tenemos cariño por algo.
Una muñeca Elastic Girl de goma. A esta también la conozco, me conoce. Se estira de verdad, me la regaló una colega que se estiró tanto, tanto que se fue a vivir a una isla, pero su imagen quedó aquí, frente a mi ordenador en forma de Superhéroe moderno.
Para terminar, otro libraco, creo que se lo olvidó Edmond. Tiene toda la pinta de ser absolutamente prescindible, pero tiene un título tan directo que me ha conmovido. Me ha inspirado tanto, que su contraportada es la foto de este post. Me dice tantas cosas sin leerlo y creo que muchos de vosotros deberíais leerlo y no confundirse nunca más. Quiero decir, creo que tengo dos opciones: es urgente que me dedique de lleno a ser un hombre normal, o si no, "Muy pronto seré invencible".

martes, 27 de mayo de 2008

Desastre natural




En esos planos cortos, cuando Amy me mira de frente, me hace acordar mucho a Barbara Streisand. Esa nariz de papagayo, exótica, que cualquier chica se operaría inmediatamente. Después abre la boca... 0,5 milímetros de imperfecta y erótica separación entre los incisivos centrales superiores, me recuerdan a Jane Birkin, ese lugar donde los odontólogos no han llegado nunca. Al final, remata con las enormes cejas y el pelo negro de la gran Frida Kalo. Amy está totalmente loca. No es normal, es un desastre, pero natural. Los parecidos le quedan muy bien, igual que cuando canta esta canción, tan parecida a Ain´t no mountain high enough. Si tuviera que subirme a un coche ahora, me la llevo. Como una muñeca fea que me canta en la parte de atrás. Y así, cualquier lágrima aparente se le secaría sola.



"I don´t understand, why do I stress a man, when theres so many bigger things at hand. We could´ve never had it all, we had to hit a wall, so this is an inevitable withdrawal. Even if I stop wanting you."